Yo sólo quería escribir

Yo sólo quería escribir.

Hace ya casi veinte años, la aparición en casa de un viejo i486 cambió mi vida. Como hiciera mi madre antes que yo, rellenaba bosques de hojas de todo tipo de cuadernos y libretas; unas veces con dibujos, otras con historias. Mis intentos de escribir ambiciosos proyectos de forma profesional —con máquina de escribir— se veían truncados por la obligación de retornar mi herramienta, tras el toque de queda, a su inútil armario.

Pero llegó el viejo ordenador para quedarse en mi habitación y ofrecerme a cualquier hora, durante el tiempo que durase mi inspiración, la posibilidad de escribir como si no hubiera mañana. Así nació Kelvalad, la Espada Oscura.

Al principio escribí lo que se me iba ocurriendo, inspirado por cuanto leía, veía y jugaba. Escribía para mí, luego para mis amigos, hasta que me di cuenta de que estaba dando forma a algo muy grande. Empecé a tomármelo en serio, hacerlo bien y escribir para el mundo. Años más tarde terminé, y más tarde aún hice una revisión y preparé una copia impresa. La novela estaba preparada para moverse de editorial en editorial. Pero yo no.

Quería acceder al mundo editorial como ilustrador antes que como escritor, o al menos en ese orden consideraba mis posibilidades y mi profesión. Cuanto más me acercaba a las editoriales, más ajeno me sentía. Llamar a sus puertas era una tarea agotadora y minaba día a día mis ganas de hacer lo que durante tantos años había hecho con la mayor de las ilusiones.

Hace poco tiempo, las posibilidades de autopublicación me dieron el empujón que necesitaba. Revisé por última vez la novela, corregí el estilo, reescribí cientos de párrafos y dije adiós, mordiéndome el labio, a tantos otros que había escrito para homenajear momentos especiales que nadie excepto yo recordaría. Como un viajero del tiempo, conocí a mi yo del pasado y juntos terminamos Kelvalad. Él con su ilusión intacta, yo con mi madurez y un montón de gilipolleces que me hacían gracia.

Meses después, mi vieja novela está a la venta a través de Amazon y la Tienda Kindle. He esquivado la ardua tarea de pasearme por las editoriales para acabar inmerso en la ardua tarea de promocionar mi novela por todos los rincones de la red, pero al menos lo hago con ilusión. De ahí que creara la página de Facebook de Kelvalad, la cuenta de Twitter, mi página de autor de GoodReads y, finalmente, este blog que en principio no quería abrir por miedo al tiempo que me robaría.

Yo sólo quería escribir. ¿Dónde me he metido? Ni más ni menos, que en la apasionante aventura de ser escritor independiente.

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