Sobre “El Rey Fantasma”, de R. A. Salvatore

El Rey Fantasma es el laxante definitivo

Impresionante ilustración del genio Todd Lockwood. A mí me pone.

Porque enfrentarse a un dragón normal es de mediocres, aquí hay uno enorme que es como la Sagrada Trinidad, con hordas de esbirros de este y otro mundo…, ¡y además está muerto! Aquí tenemos, ni más ni menos, que al padre de todos los dracolich: forjando héroes a través de la sombra y la muerte.

El Rey Fantasma es el cierre de la saga y muestra lo que sucede varios años después de que cierto sacerdote, cierto asesino y cierto drow uniesen sus fuerzas para acabar, de una vez por todas, con cierto artefacto mágico. Pero la magia está descontrolada, el Tejido se ha vuelto loco y existe una brecha entre realidades que afecta a los mismísimos dioses. Así que no hay que dar nada por supuesto, y el Rey Fantasma es la fusión de ciertos elementos, tomando forma definida en un mundo de caos y sombras.

No quiero desvelar nada, ni siquiera aunque aparezca en las primeras páginas. Así que, sin ser explícito, he de confesar que me ha enganchado de principio a fin. La acción es casi constante, con breves descansos para tomar aire proporcionados por las vicisitudes de ciertos personajes que se encuentran (como a Salvatore le gusta) en algún tipo de crisis emocional o existencial. Estos lloriqueos momentos son más íntimos aunque repetitivos, si bien aportan la atmósfera necesaria para adentrarte en sus sentimientos y pensamientos. Y volver a la acción.
La historia y las numerosas luchas que se narran, están separadas por grupos de personajes que tampoco paran en toda la novela. Uno puede ir a su bola y encontrarse una horda de muertos vivientes y luego puede acabar encontrándose a toda su promoción del instituto para acabar con una riada de monstruos de sombra. Muy loco todo. Sea como sea, aquí hay epicidad a patadas de Danica y Pwent, hachazos de Bruenor e Iván Rebolludo, espadazos de Drizzt y manguales de Athrogate… Además de los trucos de Jarlaxle, Pikel y Cadderly “El Puto Amo” Bonaduce. Porque si el Rey Fantasma es el laxante definitivo, necesitará enemigos a su altura. Y créeme, aquí son épicos hasta los hijos de Cadderly y Danica, y hasta las mulas que tiran de la carreta.

Sin embargo, este libro hay que verlo como se veían las pelis de los 80. Hay que dejarse llevar por su magia y perdonar las licencias que se toma o no habrá por dónde cogerlo. Hay momentos muy flipados, donde es posible lo imposible y te lo tienes que creer. Punto. Pero estamos leyendo fantasía, así que más o menos estamos acostumbrados. Sin embargo, hay ciertos aspectos que han sido tratados de cualquier manera para cuadrar el cierre y al final deja una sensación de comida a medio tragar. Te sientes como sucio. Pensé que en el siguiente libro encontaría respuestas con las que empujar la bola pero, tras buscar información, me da que en Gauntlgrym no las encontraré. Al menos espero que Drizzt madure un poco como personaje, que ya tiene una edad.

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