Otros autores :: Iván Caballero (ICMarja)

Ignoro el porcentaje de casualidad causante de que Iván escribiera el prólogo de mi novela «Kelvalad». Al principio podría parecer que todo fue cosa suya, de la casualidad, aunque siempre me ha parecido que tenía todo el sentido del mundo. Pero como dijo Jack the Stripper cuando trabajaba quitándose la ropa, «vayamos por partes».

 

ivan caballero marjalizoIván Caballero Marjalizo, también conocido como @ICMarja en las redes, Marja para los amigos de Subcultura o Morjo en tus peores pesadillas. Informático de día, escritor de tarde, personaje siempre. Conocí a Marja precisamente por Subcultura, cuando por 2010 me animé a dibujar regularmente las tiras de Aevirae. ¿Sabes estas personas que, en cuanto le echas un ojo a sus comentarios (esa disciplina nueva que trajo internet), ya intuyes que premola? Pues Marja es un premolar, sabes que va a molar antes de conocerlo. Pero a medida que lo conoces, te das cuenta de que te has quedado corto y empiezas a plantearte que debería existir un Premio Nobel de Puto Amo con su efigie. A estas alturas, alguno pensará «iros a un hotel». Bueno, pues lo primero es que se dice «idos» (¡coño ya!) y lo segundo, reconozco que me cuesta mucho hacer (y recibir) halagos y con él no tengo problema; paso a explicar por qué Marja mola.


 

Sé que lo más fácil sería poner un enlace a sus textos y acabar ahí. Yo no necesito convencer a nadie, sólo hay que leer lo que escribe para percatarse de que Marja sabe contar una historia, sabe utilizar el lenguaje, sabe crear personajes sólidos y tiene una creatividad desbordante. La creatividad es un músculo (o un órgano) y él parece estar todo el día dándole que te pego. Es un onanista creativo. De ahí lo de desbordante.

 

Como escritor tiene todo lo que valoro y lo pone al servicio del universo friki, por lo que es como estar en casa. He leído relatos suyos de ciencia ficción, fantasía y misterio victoriano, y antes de eso leía su webcómic «Diario del misterio», que no sabría decir si es paranormal o parabsurdo, o ambas son verdaderas. En general, unas risas siempre.

 

Al margen de que escriba bien (lo hace fácil, ameno, y en ocasiones más que leer parece que estés viendo una película), reconozco que me engancha porque muchas de las historias que cuenta, son justo las que me gusta contar (o me gustaría) y como me gusta contarlas (o me gustaría). Para mí es como tener un hermano que se ha independizado, que se llevó la mayor carga genética de talento (pero a cambio yo me quedé con el pelo), y es lo suficientemente parecido y diferente para ser único pero familiar.

 

Otra cualidad de Marja es que sabe muchísimas cosas, muchos términos, palabras, datos… Siempre aprendo cosas nuevas y eso es algo que valoro. No sabéis la ilusión que me hizo descubrir que las plantas rodadoras se llaman estepicursores, aunque jamás me acordaré de ello como tampoco de su nombre en inglés (bueno, para quedar mal acaba de venirme a la mente junto a una imagen del profesor Albus «Tumbledore» vestido de tweed: tumbleweed). Además, tiene un interesante equilibrio entre desequilibrio, inteligencia y conocimiento. El día que le tocaba hacer la ficha de personaje tendría los dados muy locos. Sus habilidades le harían perfecto como genio del mal de no ser porque, al menos a mí me lo parece, es un cachopán.

 

ivan icmarja

Así me imaginaba a Iván mientras escribía su novela como si no hubiera mañana.

Así que, cuando leí su novela corta «Londres XIX» (NaNoWriMo 2014), casualmente en una fase en la que estaba terminando la corrección de Kelvalad, decidí que Marja era perfecto para escribir el prólogo. Yo tenía uno escrito, uno aburrido y serio en el cual me veía en la obligación de avisar al lector de que aquella novela era una revisión de algo que empecé a escribir en mi adolescencia. Pero oye, cosas del marketing, pensé que algo escrito por él animaría más a que la gente la leyera.

 

No quiero alargar más mi presentación, la parte buena es en la que él mismo contesta a algunas preguntas que siempre he querido hacerle. Pero no terminaré mi parte sin mencionar al maravilloso personaje que, desde hace unas semanas, ha suscitado mi entusiasmo hasta el punto de haberme creado síndrome de abstinencia: Flint el Mentiroso. Buen comienzo, ¿cómo no va a caerme bien con ese título? Y si se trata de títulos, ninguno como el de Su Flipante Majestad Imperial. Estos detalles son para mí como pequeños tragos de licor que calientan por dentro al pasar. Y, aunque Flint no parezca destacar como mentiroso, el Emperador sí hace honor a su título. Pero lo curioso es que Flint destila una simpática mezcla de personaje poco confiable y a la vez de héroe honorable, que a medida que lo fui conociendo me di cuenta de que realmente no necesita mentir para engañarte ni necesita facilidades para enfrentarse a los retos. Destila astucia y seguridad sin ser infalible y, aunque muchos rasgos de su personalidad pueden ser familiares en comparación con otros héroes que hayamos conocido con anterioridad, el conjunto de matices y facetas con el que está compuesto lo hacen único. Es un personaje envuelto en aire de molancia por el cual es fácil sentir simpatía e incluso admiración.

 

Las aventuras de Flint el Mentiroso son divertidas y se leen en un rato, con situaciones llenas de acción, pausas bien compuestas, tensión, diálogos excepcionales (en serio, es uno de los puntos fuertes de Iván) y, de pronto, una trama incipiente que te descubre mucho más de lo que a simple vista parecía. Iván ha escrito hasta el momento ocho relatos cortos de Flint (y espero con ansia todos los que puedan seguir), compartiéndolos generosamente en el blog «Contenido descartado» junto a otros textos, sin olvidar al resto de componentes: HrafnsmerkiPzikonauts (de los cuales no hablo por ser incapaz de escribir sus alias sin recurrir al cortapega, pero que también tienen su miga).

 

Ya he dicho yo demasiado, os dejo la entrevista:

 

-¿En qué trabajas, amigo informático? Eres una mezcla de Chandler Bing y Barney Stinson.
Soy consultor-programador, lo más bajo de la alta suciedad, en una empresa que podría o no estar intentando matar a James Bond. He pasado por todo, desde vender humo ataviado con una corbata, hasta pelarme el culo semidesnudo (true story) en una sala de servidores.

 

-¿Cuál es tu agenda diaria? ¿Cuándo escribes o cuándo le dedicas tu tiempo a las letras?
Desayuno con cómics, curro sin cansarme demasiado (aunque por las noches no me saco el graduado) y, los días que saco tiempo para escribir, lo hago por la tarde. Tengo dos situaciones ideales, ambas vespertinas: Quedarme solo en la oficina hasta que me dé mucha hambre o los seguratas empiecen a sospechar, y servirme un culín de whisky en casa, lejos del PC de viciar.

 

-¿Cuándo empezaste a escribir?
Tengo en la estantería un primer intento de novelilla de 1994. Eso fue a los 11 años. Pero cuando empecé a producir de verdad, y a tomarlo como algo que llenara mis tardes, fue en 2009.

 

-¿De dónde surgen tus ideas? ¿Parto con dolor, o efectividad de vientre creativo?
Cada una es de su padre y de su madre. Algunas vienen obligadas, pensadas apretando fuerte delante de un papel. Otras de lo que yo llamo “cámaras de flotación mental”, que básicamente consisten en música ligera y abandonar la mente. Otras las soñé y las adorné con coherencia. Muchas vienen de arreglar cosas que leo o veo y a las que fabrico “what if”s. Y sí. La pura diarrea mental también funciona para cosas ligeras.

 

-¿Qué te gusta escribir?
Estoy cómodo con la fantasía, y toco la ciencia ficción, pero las historias que menos escribo y que más suelo disfrutar son las de novela negra. Me divierten mucho el detective harto de vivir, el agente cínico y corrupto y el criminal arrastrado por los imprevistos.

 

-¿Cuales son tus libros favoritos?
Hace unos años habría ido directamente a ESDLA. Hoy no sabría qué obra de Pratchett o Gaiman elegir.

 

-Menciona una película, un juego, un cómic, una canción.
Snatch, Lylatwars, Atomic Robo, Back in the Game (Airbourne).

 

-¿Qué aficiones tienes?
Mi afición es la ficción. Libros, cómics, series, cine, teatro… Bueno, y me gusta mal-bailar, y cocinar saludables porquerías.

 

-He visto que tienes un perfil de Patreon y pareces tener motivación por las causas humanitarias, por hacer el bien. Háblame de tu lado superhéroe de la vida real.
Uf, “causas humanitarias” es decir demasiado. A veces me meto en algunas cosillas, pero donde más intento echar un cable a quien lo necesita, suele ser en un ámbito cercano.

 

-Y ahora tendrás que contarnos sobre tu némesis. ¿Quién es Morjo?
Morjo es una broma que se salió de madre. Doble malvado, excusa para soltar burradas, personificación de mi dicotomía interior hasta el punto que llega a resultar a veces cargante, a veces temible. Es lo que finjo ser cuando me aburre ser yo.

 

-¿Qué estás planeando? He oído que estás escribiendo La Novela. ¿Puedes contar algo?
Ay… Empecé a plantear una historia hace ya más de quince años. Estuvo creciendo durante once antes de que me decidiera a escribirla, y ahora lleva tres en el ciclo de “esto me gusta -> escribir -> olvidar -> esto es horrible -> reescribir -> esto me gusta”. Muy por encima, La Novela es una fantasía río arcanepunk en un planeta donde los colonizadores de la Tierra luchan por hacerse un hueco frente a la población local, compuesta de multitud de razas derivadas de la fantasía clásica. Difícil de tragar. Es posible que algún día me ponga en serio con ella, pero he descubierto que los relatos cortos y las novelas sencillas son mucho más gratificantes, así que me cuesta un montón. Veréis muchos más de mis relatillos y novelas cortas antes de que vea la luz.

 

-¿Quieres que mencione algo sobre ti? (no incluiré en un mismo párrafo sexo y sistema métrico decimal).
Tranquilo, cualquiera que me conozca en persona puede hacerse una idea de eso, y debatir sobre mi supuesta difalia no tiene cabida aquí. Gracias por esta movida y, para lo que queráis, buscadme como ICMarja. Me gusta la cerveza y no soy desagradable de ver. Invitadme a una. ¡Y deseadme suerte para el próximo NaNoWriMo!

 

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