Cómo consumar un ritual de apareamiento

Ponte en situación: sales de casa, como cada día, con tu ración de carne seca en el morral, un pellejo de vino y tus armas a punto tras su mantenimiento diario. Te colocas tu maza sobre el hombro, a la que has bautizado con el nombre de “Tabla de multiplicar y dividir”. Un arma roma con la que multiplicas tus enemigos antes de dividirlos en partes. Algunos quedan fraccionados. En la puerta te esperan tus amigos, incluido ese tan raro que tiene aspecto de elfa vestida con dos trapitos insinuantes, con unos desproporcionados pechos que nunca terminarán de encajar en un cuerpo tan grácil, pero que cuando habla tiene voz de varón y le encanta hacer como que zorrea. Resoplas y te ríes para tus adentros. Al fin y al cabo cada uno escoge a sus personajes como quiere. Te aseguras de que Jilplis, la sacerdotisa de Iledárian, está entre el grupo y respiras aliviado. En otros tiempos salías a mazmorrear con el pecho palomo al descubierto, pero a día de hoy no sales de casa sin sanadores.
Todo está preparado para dar un paseo por las Cavernas del Olvido.

elfas macizas

Una vez allí, la habitual escena de destrucción y horror que regaláis a la castigada tribu de orcos se ve frustrada por la llegada de un troll como nunca antes habías visto. Los orcos se descojonan esta vez, entre gruñidos, mientras jalean al coloso. Por lo que has entendido de su primitivo lenguaje, llaman al bicho “Trollebús”. Por lo que deduces de la velocidad con la que ha llegado corriendo hasta ti, y las rocas pulverizadas a tu alrededor al esquivar de milagro su embestida, entiendes por qué lo llaman así. Tus compañeros acuden a ayudarte, cada uno en el lugar correspondiente. Uno lo despista, otro prepara su conjuro y, mientras una oleada de cálida regeneración cierra tus heridas gracias al poder de la sacerdotisa, la elfa se pone delante de la bestia para dispararle su arco a quemarropa. Por supuesto, tu amigo tendrá que hacerse otro personaje porque ese está hecho pulpa élfica sobre las rocas, pero temes por otro mucho más valioso en semejante lid. La sacerdotisa ha caído también, parece inconsciente y llegar hasta ella es imposible sin pasar por encima del cadáver del troll. Es más, aunque ya estuviera muerto, pasar por encima tampoco parece sencillo.

healer_alone
Tu compañero mago está a punto de hacer una parrillada y la panceta viene en camino. Claro que un bicho de ese tamaño va a necesitar bastante fuego si te gusta bien crujiente. De tu bolsillo sacas un frasco con un aceite altamente inflamable. Al mirarlo no puedes evitar sonreír, recordando cuando le echabas un poco en el tabaco a tu padre. Qué risas… Lo arrojas contra el troll al tiempo que el conjuro lo alcanza y en tu vida has visto una lengua de fuego igual. Fascinado, no caes en la cuenta de que está a punto de arrollarte un trolebús en llamas y sólo en el último momento te das cuenta de que te queda muy poco para subir de nivel y no quieres morir. La agilidad no es tu mejor atributo y realizas una finta que parece un paso de baile de una boda enana en su punto más decadente. Lo suficiente para salvar tu cuello, aunque tras el golpe no puedas moverlo. Con un hilo de voz aciertas a llamar a la sacerdotisa Jilplis. No necesitas tu tabla de multiplicar para calcular que ves x2, aunque te lleva un rato recordar tu nombre y que la sanadora está peor que tú. Los compañeros que han sobrevivido más o menos ilesos te hacen tragar un bebedizo y das gracias a Hirnim al sentirte de nuevo las extremidades. Poco a poco recuperas las fuerzas. Los orcos que habían comenzado a correr hacia ti no parecían venir a preguntarte qué tal estabas. Nunca lo sabrás, ya que al incorporarte de nuevo, se dan media vuelta silbando. Te sientes alegre porque has subido de nivel y mañana volverás a repartir matemáticas por el mundo.

POCIONES DE CURACIÓN. ¡No tengo ningún problema! Las puedo dejar cuando quiera.

POCIONES DE CURACIÓN. ¡No tengo ningún problema! Las puedo dejar cuando quiera.

¿Quién crees que derrotó al troll y salvó al guerrero? ¿Ese mago y la sacerdotisa? ¡Bah! Nadie se acuerda de nosotros, ¡y eso que nos necesitan a diario! Somos los que preparamos pociones, elaboramos aceites, cremas, ácidos, filtros de amor, somos quienes convirtieron tu apestoso caldo de coliflor en una adictiva sopa con nuestras mezclas de condimentos. Y también tenemos remedios para la flatulencia, claro. Médicos, cocineros, astrólogos, rabdomantes, mentalistas y elementalistas, taumaturgos y metalurgistas. Todos somos ALQUIMISTAS, ¡maldita sea! Pero nadie se para a pensar “¡Eh, qué guay! Menos mal que a un gnomo loco le dio un día por juntar moco de troll con hojas de ciprés, porque si no, hoy estaría muerto!”. Bueno, una poción de curación lleva más cosas, claro, como miel. Si no, no hay quien se la trague. Hay tratados de más de tres siglos de antigüedad que aseguran que muchos preferían morir antes que tragarse una poción de la primera hornada. Los hay que la mezclaban con hidromiel enana y entraban en coma. Aún queda alguno de esos durmiendo la mona. En fin, que ni siquiera teníamos por qué mejorar las fórmulas, pero lo hicimos. Aún no ha llamado nadie a mi puerta para darme las gracias por haber inventado un filtro de amor que de verdad funciona. Yo lo llamo “cloroformo”. Sé que le faltan aún algunas mejoras, pero dudo mucho que ninguno de mis clientes hubiera podido acercarse a su persona amada y consumar un ritual de apareamiento con esas tisanas inocuas de la competencia. Por cierto, si venías por el título de la entrada, lamento decir que están empezando a prohibir los filtros amorosos por culpa del Ministerio de Ética.

En algunos países se han tenido que prohibir.

En algunos países se han tenido que prohibir.

Magos, guerreros, sacerdotes… ¡Joder, si hasta los ladrones, bardos y druidas tienen más popularidad que nosotros! Pues ya podrían darnos el crédito que merecemos. No sé, te tomas una poción de fuerza aumentada y te marcas un buen eslogan: “Gracias a Pócimas Pazos reviento a mis enemigos a puñetazos”. ¡Qué menos! O al sobrevivir en un combate: “Con las pociones de Alquimistas Unidos de Enor, me curo que es un primor”. Bueno, captas la idea. Lo que quiero es que la gente empiece a darse cuenta de la importantísima labor de los alquimistas. Y que no sólo hacemos brebajes, ¡caramba! Esa es la parte más química; incluso la aurcania, que estudia las yárades y el conjunto de todos los arcanos, es en gran medida conocimiento químico y elemental. Los estudios de los arcanos menores se basan en las propiedades del reino vegetal y mineral. Los arcanos mayores tratan de las propiedades del reino animal. Se le suele llamar alquimia a esta ciencia, a elaborar compuestos a partir de las sustancias de los arcanos, los estados físicos, transmutaciones y recetas de cocina. Hemos evolucionado muchísimo en estos dos siglos de tecnomagia y la gente parece que sólo se ha quedado con eso. Vale que hay muchos tipos de tecnomagos, pero cuando empezó toda esta locura tenías que estudiar tecnomagia. ¿Dónde? En la Universidad de Alquimia. ¡Zas en toda la boca! Ahora esto está lleno de intrusismo y de magos advenedizos. El título universitario es papel mojado. ¡Sólo importan los resultados! Pues ya verás qué resultados cuando les explote una varita por no estar bien calibrada o cuando la sobrecarguen porque no tengan ni la menor noción de las reglas de la hainudinámica.
A día de hoy la alquimia se divide en siete ramas principales, de las cuales surgen muchas y fascinantes materias. Todas ellas se estudian en la Universidad de Alquimia. Tal vez me anime a explicarte un par de cosas más adelante. Es importante que las nuevas generaciones sepan de dónde vienen sus artefactos. Hoy en día ni siquiera se leen el pergamino de instrucciones y ya se están quejando: “Mi gargolarma no funciona”, me dice uno. No le había dado el comando de activación, el muy orco. Y hace poco se corrió la noticia de una señora que había salido volando en una plataforma elevadora. Se puso a limpiar y no sabía que había tirado el seguro a la basura. Bueno, supongo que algo sospechó cuando se acercaba a la estratosfera a una velocidad constante de 1km/h. Tuvo seis horas para pensar en lo que había hecho antes de morir.
Así que ya sabes. Lee las instrucciones, habla con tus amigos de lo fetenes que somos los alquimistas y recuerda quién te elabora las pociones. Porque si no, en la próxima que te tomes puedes encontrarte un escupitajo.

Si quieres que te cuente alguna cosilla más sobre alquimia puedes dejarme un comentario. A menos que seas un troll.

Rotis Walbaum
Alquimista

 

Las imágenes han sido sacadas principalmente de https://www.facebook.com/dydmeme/

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