Alerta Alquimistas: el Capitalismo va a Llegar

No te vas a creer lo que me sucedió esta mañana.
Como la mayoría de los alquimistas, cocino por la tarde y abro mi tienda para la venta al público desde primera hora del día. Cualquiera pensaría que los alquimistas somos testigos de los fenómenos más extraños cuando realizamos nuestras pociones o investigamos nuestros temas preferidos. Pues no, es tratando con clientes cuando nos suceden las situaciones más inverosímiles que te puedes echar a la cara. Concretamente, esta mañana me ha llegado un señor bien vestido, muy serio. Como si trabajara para algún ministerio. Ha paseado la mirada por las estanterías con aire de suficiencia y, tras echar un vistazo al género, ha comenzado a agasajarme.
—¿Es usted Rotis Walbaum? Es un placer, he oído hablar mucho de usted, ¡es un gran alquimista, un genio!
En este punto ya estaba desconcertado. Miré tras de mí, por si hablaba con otra persona. Si alguien había mencionado mi nombre alguna vez, probablemente no sería para elogiar la estabilidad de mis pócimas inflamables. No es que sea un alquimista regulero, pero tampoco soy “un gran alquimista, un genio”.
—Eh…, bueno. Se hace lo que se puede. Ya sabes. Se me dan bien las cocciones. ¿Qué puedo hacer por ti?
—La pregunta no es “qué puede hacer usted por mí”, señor Walbaum, sino qué puedo hacer yo por usted.
—¿Ah, sí? ¿Y qué puedes hacer tú por mí?
—Le voy a proponer una oferta que no podrá rechazar.
No sé de dónde sacaba aquellas frases. No las había escuchado nunca pero me llamaban poderosamente la atención. Asentí como un bobo. Quería más.

—Mire, estoy al tanto de que los mejores alquimistas trabajan para el país, estudiando y abasteciendo los ministerios, ayuntamientos y organismos de seguridad.
—Te refieres a los Herméticos.
—Exacto. En cada país hay siete puestos de alquimista de la máxima importancia, los Herméticos, que prestan un servicio inestimable a la sociedad. Pero existen otros alquimistas, como usted, señor Walbaum, que no distan mucho de la pericia de un Hermético. Y, sin embargo, se encuentra trabajando aquí, desaprovechando su potencial. Yo le ofrezco una oportunidad. La que se merece.
—¿Me va a dar un puesto de Hermético? —pregunté esperanzado.
No vivía mal, pero convertirse en Hermético significaba prácticamente barra libre de materia prima para mis más alocados proyectos. Y los míos me salían caros: en la mayoría había explosiones.
—Mejor aún. Represento a un importante empresario que va a revolucionar el sector privado de los mercenarios. Le ofrezco la posibilidad de trabajar en exclusiva con nosotros, suministrando todo tipo de pociones.
El tono era revelador, como si me hiciera partícipe de una epifanía. Sin embargo, no entendía sus palabras.
—¿Me estás diciendo que voy a hacer lo que he hecho siempre, vender pociones, pero sólo a vosotros?
—Por supuesto, primero le haremos un encargo y, si estamos satisfechos, que me hallo convencido de ello, tendrá usted un importante volumen de trabajo con nosotros. Por eso, debido a este generoso ofrecimiento, entendemos que nos hará una rebaja.
Ahora sí que estaba confundido. De no ser porque mi mercancía estaba al otro lado de la barra habría pensado que se había tomado una poción de imbecilidad. Desde que unos chavales se acabaran las frascas que contenían helio para hablar como gnomos y echarse unas risas, me cuido mucho de dejar las cosas al alcance de la mano de los clientes.
Miré a mi alrededor, buscando algo a lo que aferrarme en aquel sinsentido, como si fuera a encontrar una bolacámara (uno de esos inventos tan modernos para ver cosas a distancia) y descubriera que todo fuera una broma. Tal vez los mismos chavales del helio me estaban viendo desde sus casas y se estuvieran descojonando con mi expresión aturdida.
—Bueno, es cierto que con clientes muy antiguos hago alguna rebaja, pero llevan años comprándome y…
—¿Lo ve? Es lo mismo. Vamos a convertirnos en su más amado cliente. Entonces estamos de acuerdo, un 20% de descuento en nuestra primera partida.
—¿Pero quién me asegura que tras ese pedido vayan a hacer más?
—No sé por qué duda, señor Walbaum. Ya le he dicho que confiamos en su trabajo. No nos defraudará. En cualquier caso, si no llegara al mínimo de calidad que esperamos de usted, siempre puede realizar los cambios pertinentes hasta lograrlo.
—¿Cambios?
—Sí, cambios. Esperamos de usted un profesional comprometido, con ganas de aprender y mejorar, proactivo…
—¿Pro-qué?
—… espíritu de superación, un alquimista de nuestro tiempo. Si su fórmula no es del todo satisfactoria, le ofreceremos unas guías y directrices para mejorarla…
—¿Vosotros?
—… pero a cambio usted correría con los gastos derivados, claro. Mire, le propongo algo.
—¿Más?
—Para estar seguros, le vamos a pedir unas muestras. Me llevo una poción de cada y las estudiamos en la sede. Si firma aquí, tenga en cuenta que necesitaríamos las fórmulas y pasarían a formar parte de nuestro Tratado de Alquimia, pudiendo hacer cualquier uso de dicha información.
—¿Cómo? Es decir, que podéis aprovecharos de mi trabajo… Pues os va a salir muy caro.
—Señor Walbaum, es hora de ir adentrándose en la Era de la Tecnomagia. Al fin y al cabo, es una oportunidad única para darse a conocer. Otros muchos alquimistas estarían encantados de poder participar en un proyecto tan revolucionario como el nuestro, ¡pero se lo estamos ofreciendo a usted!
Y tanto que pensaba revolucionar el sector. Hacer que la gente trabajara gratis para ti era de lo más revolucionario. Llámame reaccionario, pero por mí podía meterse su revolución por el conducto anal.
—Es decir, que te encanta mi trabajo, soy un genio, pero me vas a pedir muestras gratis. Además, si no te gusta te lo cambio gratis. Y te quedas con las fórmulas. Pero además es perfecto para darme a conocer, aunque has oído hablar mucho de mí. Y mi fama no me serviría de nada porque trabajaría sólo para vosotros. Suena muy analógico.
—¿”Analógico”?
—Sí, lógica anal, como si lo hubieras pensado con el culo.
—¿Eso cree? —Aquí se empezó a poner chulo—. Pues que sepa, señor Walbaum, que así es como funcionan las cosas. Se cree usted un genio, pero no puede aspirar a ser un Hermético. Lo más a lo que podía aspirar era a una oportunidad única como esta, y la está dejando escapar. Nunca será proactivo. ¡Si no es más que un mezclarcanos del montón!
Ahí ya se me cruzaron los cables. Finalmente ese tío se fue con algunas muestras gratis, sí, pero cuando le arrojé la tercera hizo una extraña reacción y lo que salió de mi tienda fue algo similar a un hombre-cerdo, gruñendo, chillando y proactivando.

 

Entiendo que las cosas están cambiando en Enor. La tecnomagia y los avances sociales han traído una bonanza como nunca antes se había conocido. Con más razón me pregunto el motivo que le llevaría a este caradura a venir a pedirme que rebajara mis precios e incluso que trabajara gratis. Lo más curioso de todo es que, preguntando a colegas de profesión, me relataron la misma historia. Había tanteado a todos los del gremio, incluso había algún pobre diablo que se había dejado engatusar. Claro que eran todos estudiantes de la Universidad sin titulación y muchos no saben ni cómo usar un catalizador. No me extrañó escuchar hace un rato que, la sede de esa importante empresa de mercenarios, estalló dejando un cráter del tamaño de diez dragones. Supongo que ese es el orden natural de las cosas, ¡por Ingerinm!

 

Rotis Walbaum
Alquimista
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