Filtros de amor y el Ministerio de Ética

Si me hubieran preguntado hace cuatrocientos años, ni en mis más alocados trances habría imaginado que hoy vería elfos caminar de la mano de los humanos, compartir licores con enanos y hasta hacer tratos con orcos. Por supuesto que tenemos nuestras diferencias, pero nos sucede hasta en el seno de nuestras amadas familias. Nuestras diferencias no han cambiado en estos siglos, puedo jurarlo. Lo que ha evolucionado lentamente es el grado de aceptación y empatía, que nos ha acercado y nos ha hecho tratarnos como una enorme familia; una en la que unos tienen las orejas puntiagudas, otros lucen barbas donde se podría esconder una cítara, y muchos de ellos crecen muy rápido, ansiosos por dejar huella en este mundo joven. Algunos hermanos son conflictivos, sean de la raza que sean. Otros, también al margen de su estirpe, se ganan un lugar en nuestros corazones. Por eso, entre nosotros nos llamamos simplemente “personas”.

 
senadora loewen dhulain rotulo

Los resentimientos, las envidias y las suspicacias pueden perpetuarse durante años, es difícil cambiar ciertas creencias culturales y borrar la oscuridad del pasado para dar paso a esta nueva era, que ya no es la del Equilibrio sino la de la Tecnomagia. Casi doscientos años después del Caos de Gwalathar, seguimos mirándonos con desconfianza pero sin miedo. Estoy convencida de que gran parte del avance fue culpa de aquel desastre. No hay nada para aprender a estar unidos que enfrentarse a un enemigo común. Lo mejor de todo es que una vez acabamos con aquella crisis y fuimos exiliando a nuestros enemigos a Eládranor, el Continente Oscuro, no teníamos por qué seguir unidos, pero lo hicimos. Fueron años de bonanza y parabienes, no teníamos la necesidad de juntar recursos ni ejércitos. Curiosamente, gracias a los numerosos ejemplos de camaradería nos dimos cuenta de que no éramos tan distintos. Desde que tengo conocimiento nuestras razas han tenido tiranteces, incluso han llegado a guerrear, casi siempre por las mismas causas. Los enanos se movían por el oro y otros recursos, los elfos por territorio. Los humanos, según tuvieran el día. No puedo evitar sentir que son los más inestables debido a su naturaleza. A día de hoy apenas hay conflictos entre países, al menos ninguno racial. Lo habitual suelen ser luchas internas por el poder, algunos grupos y sectas que promueven el odio, gente que ha tenido problemas personales con alguna persona de otra raza y ha hecho de la excepción una regla.

 

Aquí, en Slyndbar, poseemos una diversidad cultural difícil de igualar. No podía ser menos tratándose de la capital de un enorme país que nació de la fusión de otros dos, sin olvidar que tenemos cerca algunas de las principales islas del continente Eylíndenor. No es de extrañar que nuestro Senado esté compuesto por representantes de todas las razas, creencias, órdenes religiosas y estratos sociales. Mi trabajo como senadora no es nada sencillo, puesto que tanta pluralidad nos obliga a discutir más y poner más empeño en lograr las mejores soluciones para el bien común. Y si este trabajo resulta arduo, el que verdaderamente supone un desafío diario es el que desempeño en el Ministerio de Ética.

No debería establecer diferencias con respecto al resto de ministerios, que también tienen sus dificultades. Incluso el Ministerio de Tradiciones, el más modesto, tiene una gran responsabilidad al salvaguardar una imponente cantidad de datos y memorias provenientes de numerosos pueblos de raíces ancestrales. Lo que diferencia a mi ministerio es que es el más impopular, y lo entiendo. Verás, el auge de la tecnomagia y otros avances en la civilización trajeron una libertad sin precedentes. Una libertad con mucho poder. El Magister, dirigente del país, se vio obligado a imponer unos límites. El Ministerio de Leyes no daba abasto en la regulación y topaba con algunos escollos morales. Mientras ciertos sectores de la población, determinadas élites, se hacían con un gran poder mágico, corríamos el riesgo de repetir algunos de los errores que propiciaron el Caos de Gwalathar. Necesitábamos reprimir y controlar el conato de rebelión y las fuerzas empleadas en aquel entonces fueron a todas luces desproporcionadas. Pasamos de querer evitar un problema a crearlo. El Magister determinó que las crisis que vivíamos se debían a una carencia de perspectiva en un campo muy concreto: la ética. Entonces fundó el Ministerio. Cada ley, cada decisión política, cada idea que afectara a la ciudadanía debía ser aprobada por el Ministerio, formado por personas imparciales, de gran catadura moral, versadas en filosofía y capaces de discernir con mayor ojo crítico sobre las cuestiones éticas, los difusos “bien y mal” y los innumerables grises que se alojan entre uno y otro. Si te digo que gran parte de mi trabajo consiste en negar la mayor parte de los proyectos de muchos ministerios y fuerzas de seguridad, entenderás que no seamos lo que se dice muy apreciados. Sin ir más lejos, hoy me he visto obligada a prohibir un producto alquímico. Esto no sólo ha aumentado la animadversión de alquimistas y miembros del Ministerio de Inteligencia, encargados del I+D+A (Investigación, Desarrollo y Alquimia) hacia nosotros. Como tantas otras veces, hemos tenido que discutir el asunto con el ministro de Tradiciones. El producto en cuestión se trata de un filtro de amor. Antiguamente, no era inusual comprarlo en algunas tiendas de alquimia, si bien su venta no estaba bien vista. Estaba limitada por la propia vergüenza del comprador. Nadie veía en aquello nada realmente peligroso o abominable. Por lo visto, para algunos resultaba un bien útil ya que “todos tienen derecho a que alguien los quiera”. Personalmente, considero que eso no es “ser querido” y que lo dicen precisamente personas a las que no es de extrañar que nadie quiera. El resultado: que consiguieron incluso que las etiquetas de los filtros de amor incluyeran la garantía de “producto tradicional”. No me extrañaría que hubiera sobornos de por medio. Convencer al ministro de que aquello no era ético me resultó casi tan difícil como cuando prohibimos que despeñaran animales en unas fiestas.

 

He logrado que retiren del mercado los filtros. No lo hice por fastidiar a quienes los compraban sino por proteger a sus víctimas. Algo que cae por su propio peso y que la ciudadanía debería entender. Es más, me cuesta entender que les cueste entenderlo. Y aún así, llevo unos días recibiendo amenazas e insultos. Como este que transcribo y al que digamos que he corregido la ortografía: “Z***a asquerosa, eres una sucia elfa amargada que no f***a ni con filtros de amor. Por eso los retiras. Que te den pus”. Y así cada día. En fin, es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo.

 

Senadora Loewen Dhulain
Ministerio de Ética
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