Sobre “La leyenda del bosque que nunca existió”

A veces es difícil ser objetivo cuando tienes que valorar el trabajo de una persona que conoces. Es el caso de La leyenda del bosque que nunca existió, de Javier G. Valverde. Porque antes de leer su obra, Javier era mi amigo (debo puntualizar que aún lo es, y que nos hemos conocido todavía mejor gracias a esta vocación común). Y yo me considero un poquito cabrón. He dicho “un poquito”.

Verás, cuando empecé a escribir o, para ser más preciso, cuando empecé a corregir, ocurrió en mi cabeza una extraña mutación. Tal vez hurgarme la nariz tras tamborilear los dedos en un teclado radiactivo de segunda mano me confirió superpoderes. O quizá mi cerebro hizo katakroker tras revisar cientos de errores en cientos de páginas de un archivo de Word, en una pantalla de los años 90. Sea como fuere, obtuve el don de captar los espacios dobles en los textos. Y como todo sucede con cualquier don, también me gané una maldición: si no borro el espacio sobrante o, al menos, si no lo remarco con voz de sabelotodo, esa noche no puedo dormir. Me convertí en una quisquilla correctora de los espacios dobles. Pero soy positivo: al menos no tengo personalidad doble o una doble vida.

quisquilla

También me acostumbré a fijarme mucho en los errores ortotipográficos y gramaticales, sobre todo los ajenos, que son los que me dan más regustillo. De vez en cuando, gracias a mis superpoderes, me han pasado algún texto para echarle un vistazo y he podido liberar mi espíritu fustigador. En muchos otros casos me he mordido la lengua pero, la mayor parte de las veces, reconozco que acabo soltándola. Ahora estoy empezando a dominar el gesto de subirme las gafas mientras pongo voz de repipiolo. Y yo tengo mis fallos, por supuesto; tal vez haya un espacio doble ninja escondido en alguna parte de esta entrada. No soy una eminencia, pues cada día sigo estudiando y repasando normas que cambian cuando te haces a ellas. Los de la RAE son unos cachondos.

Pero no se trataba de hablar de mí, sino del libro de Javier. Todo esto lo decía porque si me froto las manos cuando me dan un texto, imaginad cuando voy a leer un libro de un amigo a quien no he leído jamás. Y me sentí muy satisfecho al leerlo, aparte de por lo que me gustó, porque ninguna errata me saltó a los ojos a quitarme el sueño. Javier me ha demostrado varias veces que, cuando hace algo en serio, le gusta hacerlo bien (suena sexi, lo sé). Y este libro es un claro ejemplo. Entre otras cosas, La leyenda del bosque que nunca existió me demostró hace más de dos años que se puede autopublicar con profesionalidad, algo que por aquel entonces no sabía. Mi experiencia como diseñador y maquetador, y el tiempo que había mantenido sutiles relaciones con el mundo editorial, me habían inducido a pensar que no había opciones más allá. Excepto un páramo de mediocridad o, cuanto menos, de buenas intenciones defenestradas por la falta de medios profesionales que cerrasen el complejo círculo de una publicación. Me equivoqué, y ahora intento que otras personas también descubran ese mundo de autores independientes que por mil razones se han lanzado a una empresa que, las más de las veces, no tiene nada de perezosa o mediocre. No por nada, el blog de Javier G. Valverde se llama La generación del Alcoyano (descubre el porqué entrando en él). En fin, no sabía qué podía esperar de mi amigo, pero sabía que Javier había dedicado mucho tiempo y medios en aquel proyecto. Con el paso de las páginas, dejaba de pensar en él y me metí en su historia. Empecé a leer el libro de un amigo y terminé leyendo la obra de un escritor.

Así que, aunque en su día realicé una valoración que compartí en otros medios, llevaba tiempo queriendo publicarla en mi santuario:

LeyendaBosque-JavierValverde

El tiempo como protagonista.

No toda la fantasía se basa en criaturas, espadas y bolas de fuego. Esta es una novela coral llena de personajes ricos en matices, cuyas historias se entrelazan a través del eje central que es el mago Dédalo. Es un mago, pero de los que guardan para sí sus secretos porque la magia no es alarde. Y es un protagonista, pero no “el protagonista”, ya que esta historia no es la de Dédalo, sino la de una región y de su evolución a través de la confluencia de sus personajes.
Se desarrolla en un momento histórico del que apenas sabemos nada, pero en el que habría de nacer esta región gracias a la mano del hombre, el poder de la magia y la pluma de Javier G. Valverde.

Tiene de todo, es una novela ligera que habla de forma sencilla y precisa pero maneja unos elementos complejos con maestría. En ella hay historia, fantasía, humor, aventura, batalla, etc. Todo ello en una tierra que queda plasmada con increíble precisión, de la cual, no es de extrañar, que nazca una gran leyenda.

Muy recomendable, me encantaría leer algún crossover sobre alguno de los personajes porque los hay muy divertidos y entrañables. Para bien y para mal, este libro no ahonda como me gustaría en sus vidas alargándolo y dedicando capítulos, porque se les coge cariño. Pero considero que esto, al igual que el hecho de que el argumento sea algo misterioso, es debido a que esta novela tiene un enfoque muy particular y es así como tenía que ser.

 

 

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