Los 5 errores más comunes que impiden desarrollar la creatividad

Hoja en blanco. Bloqueo de escritor. Pizza con fresas.

Es posible que hayas sentido un estremecimiento. No pasa nada, es normal. A menos que hayas probado la pizza con fresas. Entonces corre al baño y reza por tu alma, porque tu cuerpo ya está perdido. Pero volvamos al tema… Seguramente en algún momento has tenido que enfrentarte al síndrome de la hoja en blanco, esa parálisis creativa que puede incluso hacer que te cuestiones tu vida: “¿Por qué me habré hecho artista, si no me sale nada?”, “¿Tenemos un número limitado de ideas y he acabado con las mías?” o “Joder, en mi cabeza sonaba genial…”. Bueno, estoy seguro de que ya sabes de qué hablo. Los bloqueos creativos son los ejemplos más característicos cuando estamos poco inspirados, pero existen unos cuantos errores que pueden estar lastrando tu capacidad creadora.

Por supuesto, también existen numerosas técnicas y ejercicios que ayudan a estimular la imaginación (y más adelante iré compartiendo algunos de estos trucos), pero ahora no voy a hablar de cómo sortear una crisis puntual, sino de cómo evitar que suceda y mantener unas prácticas que nos permitan liberar nuestro potencial.

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Porque todo es más épico cuando te quitas unos lastres de 5 toneladas

Estos son los errores más comunes:

1. Hacer siempre lo mismo

La rutina suele ser la asesina silenciosa de la creatividad. Recorrer siempre el mismo trayecto, repetir las mismas acciones, usar las mismas frases… Todo eso está muy bien para entrar en modo automático si aún no has terminado de despertarte o si te acompaña ese compañero de trabajo al que no aguantas y que no para de hablar. ¡Oh! ¿He dicho eso en voz alta?

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Aunque por lo general las rutinas son saludables y nos mantienen cuerdos, lo perjudicial es no experimentar ni aprender nada nuevo con ellas. Leer un libro o las noticias, debatir con alguien, mejorar en un deporte, etc., son actividades que pueden formar parte de una rutina y suelen estimular nuestra imaginación o al menos enseñarnos algo nuevo. Aun así, no hay nada como cambiar algunos aspectos de nuestros hábitos para estimular nuestra mente, porque te plantea situaciones nuevas a las que no sueles enfrentarte y facilita el pensamiento divergente.

Lo curioso de esto es que, por otro lado, realizar ciertas tareas rutinarias de forma mecánica también puede ayudarnos muchísimo para dejar fluir ciertos pensamientos creativos. ¿¡Qué!? ¿¡Cómo!? De eso hablaré en otro momento.

2. No cambiar el enfoque

¿Sabes quién ha tenido también algún bloqueo mental? Woody Allen. Bueno, al menos su personaje, Harry Block, en Desmontando a Harry. Y en esta película tiene una de sus mejores escenas, la del actor desenfocado.

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Mel, interpretado por Robin Williams, aparece borroso mientras el resto de personajes están nítidos. Por supuesto, él no se da cuenta porque no se ve a sí mismo. Pero dejemos a Mel con su problema. No seas como Mel.

Ya he mencionado los prejuicios. Tienen su utilidad, pero si nos quedamos con la primera impresión de las cosas y no profundizamos ni cambiamos la perspectiva, no descubriremos otras posibilidades. Así que párate un momento y plantea un mismo problema desde otro punto de vista. Según Barney Stinson, de Cómo conocí a vuestra madre, el verdadero Karate Kid no es Daniel-san, sino su archienemigo John Lawrence, ese rubio cabroncete. O cuenta una misma historia de forma totalmente distinta. ¿Cuántas versiones distintas has escuchado de los cuentos clásicos de los hermanos Grimm, Andersen o Perrault? Sapkowski lo hizo maravillosamente en los libros de Geralt de Rivia.

Relacionándolo con el punto anterior, piensa en algo que haces siempre igual y prueba a hacerlo imaginando que eres otra persona. ¿Cómo lo haría? ¿Qué tendría en cuenta? ¿Te has fijado, por ejemplo, en las cajeras y cajeros del súper? Hay algunas que saben donde están los códigos de barras hasta de tus pantalones, pero a mí me gusta colocar los productos con los códigos a la vista para que no tengan que buscarlos. Tal vez me odien porque tienen que darle la vuelta a absolutamente todo, pero esa no es la cuestión. Estoy hablando, entre otras cosas, de la capacidad para ponernos en el lugar de otros. Puede ser empatía o deducción, generalmente una mezcla variable de ambas. Además, para ser un buen escritor vas a tener que ponerte en la piel de tus personajes, lo que significa pensar y sentir de otra forma. Lo que se relaciona con el siguiente punto.

3. Encerrarte en ti mismo.

Tu mundo interior puede ser muy rico, pero hay que dejar que el exterior penetre y te nutra. No solo me refiero a salir a la calle o realizar actividades al aire libre, aunque eso suele ayudar. Es conveniente tener trato y hablar con otras personas, escucharlas, observarlas y aprender de ellas. No solo porque a veces una buena charla es capaz de activar tu creatividad adormecida, sino que también nos ayuda a ampliar nuestra perspectiva y aporta nuevos enfoques. Y es que, si solo escuchas tu propia voz, tu única opinión, estás obteniendo un caldo reconcentrado de ideas endogámicas.

Por otro lado, si el espacio donde pasas la mayor parte del tiempo es siempre el mismo, un espacio que conoces demasiado bien y que tiene tu huella por todas partes, lo más seguro es que no tengas ningún jugo que sacar de él. ¿Te ha sonado demasiado testimonial? Pues sí, me has pillado. El estudio donde paso la mitad de mi tiempo me ofrece la calma necesaria para crear tranquilo, pero si quiero estímulos para sacar ideas frescas más me vale irme a otra parte.

4. Miedo a equivocarnos

Este es para mí el mayor error y, a la vez, el más ignorado. Vivimos en una sociedad eminentemente competitiva que premia el éxito y no ve con buenos ojos el fracaso. Eso trae consigo un miedo generalizado a cometer errores y a castigarse por ellos. Claro que invertir todos tus ahorros en una tienda de bañadores en Alaska es una idea horrible (por muy genial que me pareciera cuando me la propuso mi primo) y un error que NO QUIERES cometer. Sin embargo, la mayoría de las veces, equivocarnos no nos supone un gran problema. Hacer las cosas bien a la primera siempre es lo deseable, pero errando aprendemos. Además, de tus equivocaciones pueden salir ideas maravillosas. Tal vez no tanto como la penicilina o los Post-it, pero a veces ¿por qué no equivocarse?

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Bueno, vale, esta es una buena razón para no equivocarse

Pero lo que es peor: el miedo a equivocarnos nos impide realizar un sinfín de actividades y limita nuestras decisiones. Y, en muchos casos, de forma infundada. Mucha gente no baila por miedo a hacerlo mal. Y no me refiero a unos pasos concretos de shuffle o unas pirouettes de ballet, no, sino a mover el cuerpo como te dé la gana. Entiendo que algunas personas no tienen una coordinación privilegiada, pero… bailar es una forma de expresión y NO HAY NADA ERRÓNEO en la forma en la que te apetezca moverte. Si has visto Napoleon Dynamite o Little miss Sunshine ya te habrás dado cuenta (si no las has visto, no hagas click). Pero, como decía, hemos crecido con ciertos prejuicios y una visión competitiva. El miedo a hacer algo mal también proviene de lo despiadada que es la sociedad con los errores y con todo aquello que no encaja con sus estándares. Bien, pues deja eso atrás. Una cosa es la autocrítica, completamente necesaria, y otra muy distinta es que las opiniones de otros vayan a determinar lo que haces o dejes de hacer. Eso es un freno a la creatividad.

Así que aprende a equivocarte, cuándo y cómo hacerlo. Experimenta sin miedo y sal de tu zona de confort. Lo importante es que te sientas a gusto con lo que haces. Eso no significa que te quedes con lo primero que salga. La opinión de los demás puede ser importante para mejorar, sobre todo de gente que sabe más que tú, pero una crítica ha de ser constructiva. Y, si no lo es, tan solo es una opinión de mierda: que no te impida avanzar.

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No podía dejar de compartir esta joya

5. Rendirse

Como decía, no hay que quedarse con lo primero que nos venga a la cabeza. Una persona creativa no es necesariamente un genio que tiene una idea brillante al momento. Funciona con más metodología de lo que se suele creer. Seguro que has escuchado mil veces la cita de Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Una buena idea, por lo general, ha de pulirse capa a capa hasta encontrar el resultado deseable. Por eso, a la hora de escribir, solemos apuntar miles de ideas que vamos perfeccionando hasta quedar satisfechos. O todo lo satisfechos que podemos si lo que queremos es escribir más libros. Así que no te detengas en tu primera idea como no publicarías nunca un primer borrador (a menos que seas ese genio que mencionaba).

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Tampoco hay que pasarse…

Ya dije en el primer artículo que la creatividad es como un músculo. Y todos sabemos de qué se nutren los gimnasios: de los clientes optimistas que pagan seis meses y solo van uno. La fuerza de voluntad suele ser más difícil de entrenar que los músculos. Por suerte para los animales de sofá, no necesitamos pagar el gimnasio ni lidiar con las agujetas para mejorar nuestra creatividad, lo que no significa que no requiera un esfuerzo consciente. Además, mientras que las visitas al gimnasio se van reflejando con claridad en el espejo, los resultados de entrenar la creatividad son menos mensurables que una tableta de chocolate bien definida en el torso. Así que es fácil caer en la creencia de que no estás avanzando o, peor aún, que jamás serás una persona creativa porque tengas un mal día. Antes de rendirte, tómate un descanso, respira, haz otra cosa. Pero no lo dejes.

¿Te ha parecido interesante? ¿Crees que me he dejado algún error importante? Dímelo en los comentarios.

Y ahora, ¿qué pie de foto pondrías a esta imagen? Yo no me he podido resistir…

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Pidgeot, ¡te elijo a ti!


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5 comentarios en “Los 5 errores más comunes que impiden desarrollar la creatividad

  1. Muy buen artículo, yo soy del error número 1 a muerte. La rutina te ayuda a escribir las ideas que ya tienes, pero no suele darte nuevas…
    Solo se me ocurre un error más: querer ser el más creativo de la clase. Mira, a lo mejor tu primer libro no va a ser una trilogía en la que inventes 12 razas, 23 ciudades y 5 idiomas. Mejor empezar por lo fácil, sacar ideas de otros (que no es lo mismo que plagiar) y avanzar poco a poco…

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    • Totalmente; realizar tareas con el piloto automático es genial para que tu cerebro encaje las piezas, pero salirse de la rutina es lo que te proporciona piezas nuevas y de repuesto.
      Y buen aporte: el error que mencionas, el exceso de worldbuilding, es como ser Cíclope sin las gafas y soltar todo el chorrazo creativo a lo loco, y yo era muy de eso XD Las mejores gafas son los cuadernos de notas donde quedarnos a gusto y revisar los textos pensando en el iceberg: la puntita pa ti, lo gordaco pa mí.

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  2. Para mí el error nº1 al miedo al papel en blanco es el miedo a cagarla…de mil bocetos saldrá sólo 1 que sea el que te guste, y no sabrás cuando sale asi que solo hay una forma de conseguir esa pieza creativa que buscas… probando! y de pie de página…”el hombre que invocaba aves legendarias¿?¿” xD

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  3. ¡Excelente! Me ha gustado mucho la forma de llevar nuestros errores y me ha dejado ver que estoy cometiendo un par de ellos que no me dejan avanzar.
    ¡Gracias!

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