Escribir Con Depresión

¡Ah, la melancolía! ¡Qué bonita!, ¿verdad? Nada como pasear por el fango para elevar el espíritu artístico de pintores, escritores y otros bichos raros. Quien escribió este haiku orco estaba rebozado de melancolía en un acantilado frente a un espeso mar de niebla:

En la batalla

sangre y lodo se mezclan,

llueven los cuerpos.

Pero no nos engañemos. Aunque la poesía orca rima en acojonante en los impares, el orco más zen de la aldea no estaba deprimido ni mucho menos. Y es que la gente aún tiene tendencia a pensar que melancolía y depresión son lo mismo o, peor aún, que una persona deprimida solo está de bajona. Ya es hora de que hablemos con claridad y sin tapujos de esto.

Esta entrada está escrita desde los entresijos y gallinejas. Directamente de mi patata a la tuya. Sé que es un tema impopular y que, en esta sociedad del postureo donde lo importante es restregar los éxitos y ocultar el resto del iceberg de mierda que constituye nuestra vida, la gente rehuye cualquier persona o publicación que contradiga los mandamientos de los gurús motivacionales. Tranquilos, la depresión no es contagiosa. No pasa nada. Es una enfermedad, sí, pero solo se trata de un trastorno mental que afecta en algún momento a una quinta parte de la población. Sin embargo, padecerla trastoca a una persona a muchos niveles y es importante que aprendamos a convivir con ella, entenderla y, sobre todo, comprender a quienes la padecen.

Hugging a Cactus by Chocoreaper

Ayudar a alguien con depresión puede hacerte daño a veces, pero ¡eh!, lo importante es la actitud.

Lo primero es que la depresión está muy relacionada con el sistema inmunológico, con problemas de estómago y sueño, inflamación crónica, baja autoestima y dificultad para relacionarse. Además supone vivir constantemente con miedos que los demás consideran ridículos, pero para el paciente son muy reales. Esto se traduce en cansancio y debilidad para enfrentarse a las tareas más tontas y sencillas como ir a la compra, asistir a un evento, hacer la comida, etc. Incluso las que te gustan, como por ejemplo escribir. Imagina que te vas a la cama y que, en lugar de dormir plácidamente tras contar una docena de ovejas, cuentas uno a uno todos tus traumas y le das vueltas a lo que hiciste o dejaste de hacer desde que ibas al instituto. Al cabo de un rato pones la mente en blanco, respiras y vuelta a empezar. Luego duermes regumal y te levantas como si hubieras corrido una maratón marcha atrás. Bien, ahora busca una razón para levantarte y hacer todas esas cosas que ni siquiera son fáciles para alguien que se levanta como un perrete feliz y desayuna en su taza de Mr. Wonderful.  Imagina que nada más levantarte llega una criatura entre cuñado y Gollum y se sube a tu chepa. El bicho se dedica desde ese momento a comerte la cabeza como si te estuviera vendiendo fibra y línea telefónica, pero su discurso consiste en destruirte psicológicamente: “No vales nada; ¿a quién le interesa tu opinión?; das pena; no serás capaz de lograrlo; no vayas a esa fiesta; es inútil, ¿por qué lo intentas?; ¿y si, en lugar de cortar el cable rojo y desactivar esa bomba, nos vamos a la cama?”. A veces conseguirá hablar por ti y nadie se dará cuenta. Tras varios meses suplantando tu identidad, el Gollum cuñado se habrá nutrido de tu fuerza vital, se habrá puesto paquidermo y tú estarás realmente jodido.

Black Dog by Lenka Simeckova

Hay quien imagina la depresión como un perro negro, quizá como la Nada de La Historia Interminable.

Repito: depresión no es melancolía. No todos los que están melancólicos tienen por qué estar deprimidos ni quienes tienen depresión están todo el tiempo con melancolía. Así que no es lo mismo escribir con un halo de romántica e inspiradora bajona existencial que ponerte frente al teclado con una enfermedad que te nubla la cabeza y te deja agotado según te levantas. Un escritor con depresión debe enfrentarse a una capacidad limitada de trabajo, pero, además, algunos problemas comunes se amplifican. Todos los artistas (al menos los que no sufren el efecto Dunning-Kruger) tenemos momentos de dudas sobre la calidad de nuestro trabajo. A veces escribes un capítulo maravilloso, te levantas dando una patada a la silla, te pones las gafas de sol y dejas caer el teclado con estilo, te abrazas a ti mismo mientras piensas: “Joder, soy el puto amo. ¡Soy el nuevo John Kennedy Toole!”. Pero al día siguiente todo te parece horrible, te acuerdas de que Toole se suicidó antes de lograr ser publicado y lloras en un rincón abrazado al teclado que rompiste el día anterior como si fuera tu hijo muerto. En semejante estado resulta más difícil continuar escribiendo, ya que te preguntas por qué lo haces varias veces al día, máxime teniendo en cuenta lo difícil que resulta que alguien se fije en tu peculiar obra y que, además, te lean. Ojo, en un país donde el libro de Belén Esteban llegó a vender 3 veces más que Vargas Llosa.

Podría hablar de muchas más taras que te dificultan la labor, como lo mucho que afectan a veces los fracasos, lo poco que te llenan las victorias, lo difícil que se vuelve sonreír cuando tienes que dar la cara, lo cuesta arriba que se hace salir de la comodidad para mover tu obra o publicitarte constantemente como quien grita en el desierto (uno lleno de gente que grita tanto o más que tú). No pretendo amargar a nadie. No se trata de eso, sino de mostraros el reto que supone. Personalmente, no me gusta que me compadezcan sino sentirme comprendido. Estoy en un momento vital muy difícil y de vez en cuando suelto gas con algún comentario cínico, pero me parece necesario. La cultura de “con actitud puedes lograr lo que sea” y el “si quieres, puedes” nos está esclavizando. Nos hace creer que somos los únicos culpables de que no logremos lo que queremos o lo que necesitamos. Nos hace odiarnos a nosotros mismos por no superar nuestros problemas con sonrisas y nos vuelve a todos un poquito más falsos e hipócritas. Ya no necesitamos ver revistas de moda con modelos photoshopeados para sentirnos como la mierda. Ahora todos photoshopeamos nuestra vida y creamos expectativas inalcanzables.

¿Qué nos ocurre en el futuro, Doc? ¿Nos volvemos gilipollas o algo parecido?

Con esto no digo que la actitud no sea importante, o que nos quedemos quietos en la cama hasta que los nazis vuelvan de la Luna montados sobre dinosaurios con láseres y nos maten a todos por no llevar hombreras. Creo que necesitamos ser más sinceros y fliparnos menos. Si no has tenido ansiedad o depresión, pero conoces a alguien que sí, te pido por favor que te informes y aprendas a dirigirte y ayudar a quienes la padecen. Según el caso, puede durar meses o años y el tratamiento puede requerir psicólogos, medicación, cambios en la alimentación y los hábitos, etc. Pero siempre será más fácil si la gente a su alrededor sabe cómo actuar. Si padeces alguno de estos trastornos o crees que puedes estar padeciéndolos, te recomiendo (si no lo has hecho aún) que vayas al médico y te informes lo que puedas mediante el oráculo de Google. No te aísles y piensa que somos muchos más de los que crees los que entendemos por lo que estás pasando. Nunca falta alguien dispuesto a echarte una mano (incluido yo) y a aliviarte un poquito la carga de ese corazón enmarañado.

Es verdad que la depresión no ayuda en absoluto cuando tienes un mal día y hay que ponerse a escribir. Sin embargo, en los días neutrales y sobre todo en los buenos, escribir algo que ya tengo fraguado es una actividad que me da mucha fuerza. Pensar en cómo voy a enmarañar una trama o cómo lograrán los protagonistas salir airosos de una empresa imposible es una forma de mantener mi cabeza en otro sitio, dejar de pensar en mis problemas y solucionar los de otros. Cerrar un capítulo es siempre una victoria gratificante y recibir las críticas positivas de los lectores aún más. Solo falta que los pagos mensuales de las regalías puedan considerarse algún día gratificantes también. Mientras tanto, como veis, lo último que pierdo es el humor.

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11 comentarios en “Escribir Con Depresión

  1. Yo he llegado a agarrarme a la vida escalando la pared blanca letra a letra, porque ha sido lo único que le ha dado algún sentido a algo. Gracias a escribir he podido salir de mi propia vida o entrar mucho más adentro en ella, no lo sé bien. Pero sí sé que he acudido a los rincones más extraños a hacer lo que tanto miedo me daba (y todavía da): vivir.

    ¿Sabes esa sensación de que pudieras estirar la mano y agarrar la realidad y tirar de ella para descubrir que detrás no hay nada? Como si la existencia fuera una tela que tapara la nada. Lo más desesperanzador es la ausencia de sentido.

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    • Yo asumí esa ausencia de sentido y lo que me duele ahora es haberme formado como adulto y llegar a esta etapa sin poder aprovechar lo que he aprendido, sin poder hacer lo que sé y que eso me mantenga. No me importa estar aquí sin un propósito o que la existencia humana no corresponda a una utilidad más grandiosa que la de una hormiga, pero sí sentirme como una hormiga en mitad del mar.

      Un abrazo.

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  2. Ame tu escrito, fui diagnosticada con depresión hace muchos años, pero nunca le pare bolas a eso, hasta que la idea de hacerme daño cada día era mas tangible. Hace dos meses me tome muchas pastas, no con la intención de morir, solo dormir, cosa que nadie creyó y que lo único que logro fue que esto que vive conmigo desde siempre fuera publico, solo a una persona le había hablado sobre esto, mi familia y amigos no tenían la menor idea de lo que yo vivía, así que fue un golpe fuerte para ellos, dado que mi personalidad no refleja ser ese tipo de persona, siempre resaltan mi buena vibra y energía, pero nunca nadie sabe que hay detrás del telón, nunca he sentido vergüenza de ser lo que soy, pero si me he dado cuenta de la desinformación que existe sobre esto es abismal. Amo escribir, y desde esta semana empece a publicar ciertas cosas en Instgram y facebook, pero una amiga me recomendó empezar mi blog, asi que soy nueva en esto !

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    • Cada vez me parece más necesario tratar esto como lo que es: una enfermedad cualquiera. No es tan evidente como una enfermedad física, pero es igual de real. Y solo tratándolo con normalidad podremos aprender a comprenderla y ayudar a quienes no saben lo que les está sucediendo. Nadie puede avergonzarse de eso como tampoco se avergonzaría de ser diabético.

      Además, es muy común que de cara a los demás nos pongamos una máscara y ni siquiera los más cercanos saben que estás mal. También es una trampa, porque te convences a ti mismo de que tus problemas no le importan a nadie y cada vez te escondes más, disimulas, mientes… Puedes sonreír mucho, incluso hacerlo de forma sincera, pero la tristeza se suele reflejar en los ojos.

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  3. Más de una vez, al leer tu blog o tus tuits, he pensado que tienes la capacidad de leerme el pensamiento o las emociones.
    Hoy has hecho que ahora vea borroso.

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  4. Noa, no te pongas mal….. Yo tengo depre severa(depresión melancólica) fue y es duro vivir con eso en la mochila, Pero cuando descubrís el rollo que hay en tu inconsciente se te aplaca la angustia bastante. Y te digo algo: no menosprecio la buena onda de los otros pero en la depre siempre estamos solo. Un saludo .

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    • Gracias por tu comentario.
      Como dices, es algo en lo que estamos solos. Es como un lugar al que ni los más cercanos pueden acceder y por tanto la posible ayuda pasa por mecanismos complejos que muchos no aciertan a vislumbrar. En mi opinión, nadie puede sacarte, solo apoyarte para que tu avance sea menos penoso. Cuando veo a alguien con depresión, lo único que puedo hacer es estar ahí y decirle que entiendo por lo que está pasando. Casi siempre que alguien pretende darme una solución (sin comprender cómo funciona esto) solo empeora la situación, por muy buena intención que lleve. Así que empezar a entender lo que significa la depresión me parece vital tanto para quien la padece como para quienes están a su alrededor.
      Un saludo.

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