Odriel :: La Técnica de los Siete Sellos

Ahora mismo estoy con este relato sobre el pasado de uno de los clarividentes de Lorian, Odriel. Este es el principio:

 

Odriel cumplía treinta años, lo que no era mucho para una semielfa. El mundo, por otro lado, se movía a una velocidad siempre diferente a la suya. Los humanos que conoció de pequeña creaban ahora nuevas familias, y sus hijos no se diferenciaban demasiado de los elfos que conoció al mismo tiempo, hace más de veinte años. Al menos mientras no hablaran. Los niños elfos viven infancias muy largas y, aunque su visión del mundo no deja de ser pueril y limitada, las experiencias que han vivido durante tantos años, lo que han aprendido de sus mayores, lo que han absorbido a través de la esponja de su curiosidad sin fin, han hecho de esos niños unas personitas sabias a su manera. Son muchos los que admiran la sabiduría que emanan las palabras de los niños elfos, en ocasiones más elevadas que las de los más insignes eremitas humanos. Tal vez por la pureza de su lógica, aún sin contaminar por los continuos etiquetados, la capacidad de fijarse en lo importante sin el ruido de las múltiples preocupaciones que trae consigo la madurez, y sumado a una experiencia pareja a la de un humano adulto. Claro que los pequeños elfos no están exentos de ciertos agentes contaminantes, de la influencia de sus mayores y su forma de pensar, del entorno en el que viven. Pero los cambios son un proceso muy lento en comparación con la frenética vida de los humanos.

Para Odriel, incluso lo que parecía inmutable, como su padre elfo, también se hallaba en una corriente que jamás se detenía mientras ella crecía. Algunos de sus amigos de la infancia parecían detenidos en el tiempo; otros envejecían, se casaban y tenían hijos; y luego estaba Odriel, que  experimentaba el despertar de muchas sensaciones hasta entonces desconocidas pero extrañamente familiares. El tiempo parecía tener reglas para todos excepto para ella. El único punto en común es que la adolescencia resultaba una etapa difícil para todo el mundo; no entendía de razas.

En el caso de los elfos, su cacareada sabiduría infantil parece diluirse al atravesar la adolescencia, como proclaman otras razas, diciendo que cuanto más pequeños son, más adultos parecen; y que, cuanto más viejos, más infantiles resultan. Odriel miraba a su padre y creía en esas palabras. En verdad se comportaba como un crío, ahora lo veía más claro que nunca. No es que su padre hubiera cambiado un ápice desde que lo conociera. En realidad solo habían cambiado sus circunstancias, pero seguía siendo el mismo aventurero loco de orejas puntiagudas. Quien más había cambiado era Odriel y su forma de percibirlo. Pero ella era su propio punto de referencia, por lo que su padre también había cambiado a sus ojos, de un modo u otro. La semielfa se veía a sí misma como el eje principal de un sistema solar, en el que cada astro giraba a su alrededor a velocidades completamente distintas. Algunos poseían satélites que giraban como locos, de forma vertiginosa, mientras más allá había un universo que permanecía en apariencia inmóvil. En cualquiera de los casos, sentía que nada fluía al mismo tiempo que ella. Para reforzar esta idea, volvió por última vez la cabeza hacia su madre. Su piel seguía tersa pues, a pesar de su tono oscuro, en su frente y sus pómulos se reflejaba el azul del cielo. Sin embargo, a sus cincuenta años, el tiempo había dejado su firma en las arrugas. Alrededor de su boca evidenciaban las alegrías de haber pasado tantos años junto a su hija; alrededor de los ojos, las preocupaciones de haber criado una mestiza en un mundo en el que se habían aceptado el blanco y el negro, pero no los grises. También gris era el cabello crespo de Nyah Lumumba y, aunque Odriel no era consciente de que la próxima vez que viera a su madre, el blanco habría ganado terreno al gris, sabía que el tiempo era cruel con la raza humana. Lo aprendió en su último viaje con su padre, a su regreso. Sigue leyendo

Conociendo a los personajes :: Odriel Lumumba

La tercera y última clarividente de Lorian es Odriel, la alquimista médica. Le gusta bromear definiéndose a sí misma como una “semielfa oscura”, pues aunque no tiene sangre de elfo oscuro, es mulata hija de elfo y de humana de raza negra.

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Versión provisional, me ha salido con un rollito funky XD

Esta chica es alegre y positiva, a veces algo despreocupada aunque se desvive por ayudar y hacer feliz a todo el mundo. Su curiosidad natural hace que se interese por multitud de cosas, aunque su principal motivación es aprender a curar cualquier tipo de dolencias. Aunque su trabajo como clarividente se limita a estudiar a los que ya no tienen cura porque, aparte de ayudar en la enfermería de la Orden de Lorian, su función primaria es la de investigadora forense.

Odriel es joven, tiene 41 añitos de semielfa, el equivalente a un cuerpo humano de veintipocos años con el bagaje de un alquimista experimentado. Además, su herencia le ha otorgado una visión excepcional que le hace el trabajo más fácil, ya que puede vislumbrar el aura de los seres vivos, ayudándola a determinar y diagnosticar dolencias o enfermedades. Como alquimista médica sabe preparar compuestos químicos y remedios naturales, y es experta en terapias de ki como la acupuntura, el reiki y el feng shui.

Voy a aclarar este punto. En Enor no existe polémica sobre si las terapias alternativas funcionan o no. Teniendo en cuenta que aquí no son denominadas “alternativas”, ya te puedes hacer una idea de que sí funcionan. La energía es una corriente que lo inunda todo y nos comunica con una fuente principal que llamamos la Urdimbre. De ella provienen, entre otras cosas, la magia y el ki. Al igual que un mago interactúa con la magia, un médico puede manejar la energía de un paciente para sanarlo. No todos los males y enfermedades se relacionan con esta energía, por supuesto.  La mayoría de problemas de salud provienen de músculos, tejidos, nervios, órganos, huesos y otros asuntos más fisiológicos.

Esta es la versión "nativa americana" de Odriel, ya que en un principio iba a ser más elfa y con una mayor comunión con la naturaleza. Pero luego se vino a vivir a la ciudad.

Esta es la versión “nativa americana” de Odriel, ya que en un principio iba a ser más elfa y con una mayor comunión con la naturaleza. Pero luego se vino a vivir a la ciudad.

Por otro lado, el feng shui es bastante distinto de esa disciplina que muchos nos han vendido como “el arte de decorar tu casa para que no parezca que vives en un cuartucho de 35 metros cuadrados”. Aquí se basa en la disposición del espacio para alterar la energía de los seres vivos de forma contundente y eficaz, las más de las veces mediante el uso de sellos de papel. Odriel es muy buena gente, pero yo no hago más que pensar en aplicaciones para genios del mal de la vida cotidiana. Como afectar el estado de ánimo de todos los que hacen cola delante de ti en el súper para que te dejen pasar; o concentrar toda la energía de alguien que te ha importunado en su colon, provocándole una necesidad imperiosa de seguir importunando en la taza del váter; o privar de la energía inagotable a esos niños que berrean como si los desangraran porque no les hacen caso. Sí, soy despreciable. Reza porque no aprenda feng shui.

Odriel ama la vida, más incluso que los mismos elfos. Para ella cada vida es preciosa y cree en la bondad inherente de las personas, ya sean humanos, enanos u orcos. De su mezcla de sangres ha heredado aspectos muy positivos, ha nacido entre dos mundos y eso le hace empatizar fácilmente con la gente. Además, como sucede a menudo, ha heredado una belleza exótica gracias al mestizaje, que sumado a su espíritu sociable y extravertido hacen que no pase desapercibida para la mayoría de las personas.

Como se lleva bien con todos, es una compañía perfecta para Zenda y Aeric, que son más distintos entre sí. Además tiene una mentalidad creativa y algo alocada por lo que, cuando en un caso la lógica no da más de sí, ella suele aportar hipótesis que, aunque a priori resulten algo absurdas, pueden estar más encaminadas de lo que cabría suponer.

 

¡Bueno, pues ya están todos los miembros del equipo! La sacerdotisa que nunca miente, el mago investigador y la médica optimista. ¿Cuál es tu personaje favorito?

Conociendo a los personajes :: Aeric Lockbed

Hoy os presento al pequeño Aeric. No es que sea un niño… Bueno, a veces lo parece. Sobre todo de lejos o con una cerveza de más, pero cuando digo “pequeño” me refiero a que es un mediano, una raza especialmente bajita.

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Aeric Lockbed es el mago criminalista del equipo de clarividentes, y el miembro más joven. Desde niño ya sabía que quería ser investigador, así que se metió en la Universidad de Magia y se decantó por la rama criminalista, donde aprendió a analizar pruebas, recopilarlas, detección y conjuros básicos. Para realizar su trabajo se sirve del libro de mago investigador, una herramienta perfecta para cada parte del proceso de un caso.

También posee permisos de teleportación externa, lo que permite al grupo desplazarse rápidamente de una ubicación a otra cuando sea necesario.

En cuanto a sus habilidades innatas, no es que sea un mago excepcional fuera de su ámbito. Sin embargo, ha heredado una memoria portentosa y una capacidad de observación que lo destacan entre los suyos. Si has leído Kelvalad es posible que te suene su apellido “Lockbed”. No es casualidad. Aeric es el tataratataratatara…, en fin, un pariente lejano de Serith.

En cuanto a su personalidad, es analítico y lógico, pero jovial e impulsivo, lo que anula parte de su pragmatismo. Y es que a sus veintidós años, este mediano siente una simpatía natural hacia el género femenino. No es que esté como un perrete inquieto, pero tiene una mezcla de ingenuo romanticismo y picaresca que le llevan a intentar seducir a cualquiera que le recuerde a un antiguo amor. Aunque le rechacen la mayor parte de las veces.

Ese toque de tunante resulta un ingrediente arriesgado para un trabajo como el suyo, ya que aun siendo de naturaleza bondadosa, no ve con malos ojos saltarse las reglas de vez en cuando si es por un bien mayor. Sería un excelente criminal.

Le encanta destripar objetos y dispositivos mágicos y ver cómo funcionan, cambiar los sellos y comandos que usan y ver qué ocurre. Se rumorea que es culpable de una explosión en el patio de su comunidad de vecinos. También le gusta poner caretos delante del espejo e interpretar personajes.

¿Te acuerdas de Zenda? Pues con lo responsable y seria que es ella, no es de extrañar que de vez en cuando tenga sus roces con Aeric. A pesar de eso, este joven mago valora y respeta mucho a su superiora, aunque Odriel le cae mucho mejor. De Odriel hablaré la próxima vez 🙂

 

Conociendo a los personajes :: Zenda Verdana

Quiero presentaros a los clarividentes, un trío de investigadores de la Orden de Lorian, la diosa de la Verdad. Que no te confunda el nombre, los clarividentes no poseen dotes adivinatorias ni paranormales. Al menos no se consideran como tales en el mundo donde viven. Hoy empiezo con la líder del grupo.

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Zenda Verdana es una sacerdotisa humana de Lorian. Siempre dice la verdad y su diosa le dio el don de detectar la mentira, por lo que este polígrafo con patas es experto en interrogatorios, pero lleva una vida solitaria. No es fácil convivir con una persona que te dice claramente lo que piensa. Porque, admítelo, estamos demasiado acostumbrados a que nos mientan, aunque sea un poquito. Es casi necesario:

“Cariño, te he preparado esta tarta de queso con alcachofas, superoriginal. ¿A que está buena?”. “S-sí, jeje, está… que te cagas”, dice mientras tira la mitad del plato a las cabras.

Además, al detectar las mentiras se ha ido haciendo algo sociópata. Desprecia el engaño como el recurso de cobardes y débiles; y nadie se salva de mentiras piadosas o medias verdades, ni se libra de mentirse a sí mismo en más de una ocasión, así que en algún momento te mirará con desprecio.

Es dura con los demás y consigo misma, pero es buena líder. Sabe mantener la cabeza fría para actuar como es debido. Es enérgica y siempre dispuesta a cumplir con su deber, posee una fuerte voluntad. Tiene carácter y suele poner a la gente nerviosa, pues siente que le está leyendo la mente. Es segura de sí misma. Antes de emplear cualquier tipo de violencia física, probablemente reduzca a las personas con su capacidad intelectual y su determinación. Puede hacer creer a cualquiera que es capaz de aplastarle con un dedo, si bien no es especialmente ducha en un combate real. ¡Pero oye!, acojona. Además es robusta y fuerte y sabe defenderse de amenazas físicas cuando no queda más remedio que emplear la violencia. Lleva un jutte, un arma defensiva especialmente diseñada para realizar paradas de espadas, partir las hojas o desarmar al oponente.

Antes de hacerse clarividente estudió para convertirse en jueza en el Ministerio de Justicia, pero era demasiado honesta y se la comieron con patatas. Su lema, y el de su Orden, es “Por encima de todo está la Verdad”.

 

Este es uno de los personajes más difíciles para mí, es muy difícil interiorizar en una personalidad tan compleja. He empezado a jugar a rol con un personaje basado en ella, creo que puede ayudarme bastante a conocerla mejor, a saber cómo actuaría en cada situación y ante distintas personas. Hay mucho que desconozco aún de Zenda.

¿Cómo llevarías una amistad con una persona que sabe perfectamente cuándo mientes y que es capaz de decirte a la cara las verdades más dolorosas?

El Tamaño No Importa. La Cubierta, Sí

Y es que a pesar de contar aún con pocos capítulos de mis respectivos trabajos “Gusanos en la basura” y “Crónicas de Enor”, soy muy consciente de la importancia que tiene una buena presentación. Estos días estoy dándole vueltas a lo que voy a escribir y, como estoy poco inspirado, aprovecho para coger de nuevo la Wacom y dibujar y diseñar.

Además, a veces paso tanto tiempo buscando buenas imágenes libres de derechos para las entradas, que a menudo me planteo invertir dicho tiempo haciendo algunos dibujos. Así no pierdo mano, ilustro como buenamente puedo y quiero, y me sirve mucho mejor de lo que lo haría una foto de stock. Aunque eso sí, mis ilustraciones no llaman tanto la atención e internet es una jungla de imágenes.

 

De momento, he terminado un par de cositas que tenía pendientes y necesitaba hacer:

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Le doy tantas vueltas al nuevo mundo de Enor, a su entorno, su sociedad, leyes, tecnología, funcionamiento de todo y a sus personajes, que cuando me atasco me pongo a escribir alguna de las crónicas. Voy a intentar escribir cuentos sobre los personajes protagonistas de los Clarividentes de Lorian, y así nos vamos familiarizando todos con ellos y su entorno.

Por otro lado, aunque no sé si seguiré publicando en el blog todo lo que escriba, ya tengo una portada provisional para “Gusanos en la basura”.

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Tengo otras versiones en las que cambio la tipografía, pero esta es la que más me gusta. Es difícil darle el carácter que tiene la obra porque por un lado trata de infancia, pero no una infancia alegre. Tampoco es algo demasiado serio pero los temas son espinosos. He pensado muchas veces que esta novela necesitará en el futuro algo fotográfico, algo que impacte con una buena dosis de realidad. Por eso, en esta versión hay algo fotográfico. Esta imagen es la que me lleva viniendo a la mente cada vez que he pensado en esta historia. La basura es auténtica. Los gusanos van pasando de lo real a lo irreal, como un sueño, como el recuerdo dudoso, como la memoria artificial que acompaña a la verídica. Y yo, de pequeño, en el suelo contemplando. Un dibujo, uno sencillo. Aún no soy real, no estoy definido. A veces tenemos la sensación de que lo que sucede a nuestro alrededor es un sueño. En cambio, siento que yo soy un simple sueño de la realidad y que, cuando despierte, desapareceré.

Booktrailer de Kelvalad

Con motivo del Encuentro de Autores Independientes que celebraremos este sábado 12 de diciembre a las 12h (en el restaurante El Rana Verde de Aranjuez), me decidí por fin a realizar el casi obligatorio “booktrailer” de la novela. Llevaba rondando la idea desde que lo publiqué y contemplé las opciones de promoción. Finalmente, he realizado una animación cortita para adaptarla al formato del encuentro.

Una vez más, un servidor vuelve a demostrar que la vida del autor “indie”es una aventura en la que cada día se te presenta una nueva tarea. Por favor, no contengas tu impulso inicial de agasajar el vídeo con unos ávidos clics en los iconos de corazones, pulgares hacia arriba o quintetos de estrella.

Final de Aevirae

Tras terminar de dibujar la última viñeta del cómic de Aevirae, sentí euforia. Pero tras terminar de colorear la penúltima página, ha sido todo lo contrario. Me he quedado chafado, sin ganas de terminar esa última página y despedirme. Aevirae se ha convertido no solo en mi mayor personaje, sino en un icono, un símbolo, mi Totoro.

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Aevirae nació hace muchos años en las páginas del libro que sigue a Kelvalad. En dicha historia encontrábamos a una joven ladrona/asesina que huía de una ciudad y se topaba con los héroes del Kelvalad. Apenas una chiquilla, su personalidad era algo caprichosa, inmadura, orgullosa y muy suspicaz. Tras una década más o menos desde el momento en que decidí crearla en las historias de Enor, congelada en las páginas de una novela que no pensé que pudiera terminar, la rescaté para un nuevo proyecto.

diseño aevirae

En verano de 2009 quería volver al cómic como un medio de aprendizaje, ya que quería obligarme a mí mismo a dibujar un poco de todo, sobre todo fondos, y dibujando cómics acabas hartándote a dibujarlos. También para mejorar mi técnica de coloreado y no dejar de dibujar. La idea era crear una novela gráfica de género detectivesco donde se sucediesen extraordinarios casos de desaparición y asesinato en un ambiente donde hubiese magia, dándole un toque de originalidad a las obras de detectives a las que estamos acostumbrados donde todo obedece a la razón y la lógica modernas. Quise hacer todo esto por mi admiración y mi gusto por este género y mi mayor inspiración por el personaje de Maurice LeBlanc, Arsene Lupin, desembocó en la figura de una ladrona como protagonista. Que fuera Aevirae se trataba de una inevitable cuestión de permanencia retiniana, que de tanto imaginármela no podía darle el papel a otro. La idea original de narrar historias largas en novela gráfica, presentando un caso de Aevirae robando o asesinando de forma casi milagrosa y dejar que el lector vaya arguyendo al tiempo que la historia recoge la madeja a través del hilo de pistas y recuerdos, se fue perdiendo debido a lo ambicioso que resultaba para mí. Se me quedaba grande.

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Así que dibujé muchísimos concepts de la nueva protagonista, los inventos, artilugios y personajes que poblarían el entorno de Aevirae. En enero de 2010, aún sin tener claros todos los aspectos, me decidí a dibujar tiras (al principio diariamente) para ir preparándome y preparando el terreno a lo gordo. Así creé el blog “Aevirae, mi camino del ninja”.

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En agosto de 2010 empecé con el capítulo introductorio de lo que iba a ser la novela gráfica. A pesar de que en todo momento ha sido un cómic experimental en el que lo importante para mí era explorar las capacidades del arte secuencial, esta primera parte fue mucho más homogénea de lo que sería la siguiente.

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En febrero del año siguiente se iniciaba el 2º capítulo que, al llegar a la página 5, se atascó y tardó 4 años en ir desarrollándose. Hasta entonces, Aevirae había logrado ir haciéndose conocida y era parte del mundo del webcomic gracias a la comunidad de Subcultura… Hasta que llegó mi largo hiatus y mis actualizaciones anuales. En este capítulo ya probé de todo. Quería usar más color que antes, y acabé hartándome de ciertas fórmulas. Al final he hecho lo que me ha dado la gana en todo momento, la verdad.

valthieca mansion colorQuiero pensar que la vida que le tenía deparada no se perderá. Al fin y al cabo, Aevirae es una superviviente nata. Sobrevivió a la novela que parecía que nunca iba a ver la luz y saltó de plataforma. De tira cómica en formato webcomic se puso seria con la novela gráfica. Ahora, tengo para escribir no sólo su origen, sino alguna historia que parecía destinada a continuar en viñetas. No sé si algún día volveremos a verla con su tono gamberro apoderándose de objetos mágicos y burlando a la guardia en alguna tira suelta, o si protagonizará algún capítulo de cómic otra vez. Tal vez en un futuro lejano. En cualquier caso, no puedo decir adiós a dibujar. Mis ojos están puestos en el proyecto de “Gusanos en la basura”, aunque no tenga claro aún qué voy a hacer. De momento, lo que sé es que le digo adiós a la Aevirae que durante estos últimos 5 años ha sido mi musa, y que aún sin llegar a convertirme en Pigmalión, reconozco que la quiero por todo lo que he puesto de mí en ella como todo lo que ella me ha dado a mí.

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El proyecto surgió en una época difícil, en la que comenzaba a afrontar lo duro que podía llegar a ser conseguir un trabajo decente. Había quebrado la última empresa donde había sido feliz y todo lo que le siguió fue de mal en peor, hasta derivar en un terror visceral a trabajar en el que siempre había sido mi campo. Dedicarle tiempo al proyecto me ayudaba a sobrellevar gran parte de mis dificultades, Aevirae ha sido un bálsamo para mí. Ahora que tengo que despedirme no ya de ella como personaje (ya que de hecho estoy escribiendo sus orígenes), sino como una actividad, me siento como un enfermo que va a cambiar de terapia. Espero volver pronto con ella, con mi nueva terapia de escritura y todo lo que ello conlleva. Muchos conocisteis a esta ladrona gracias al webcomic, y tal vez no lleguéis a leer ninguna de sus aventuras futuras. Otros, desconocerán el currículo que arrastra más allá de las páginas de un libro. Yo solo espero que siga generando las simpatías que despertaba en su día, y que siga haciéndome feliz.

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La cápsula del tiempo

Una comparación muy recurrente cuando hablo de la experiencia de haber parido una novela a lo largo de casi 20 años, es que ha sido para mí como una cápsula del tiempo en la que hemos participado 3 autores muy parecidos, pero aportando lo mejor de cada uno. Esta tira es lo que mejor definiría esa sensación:

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Con 16 años es realmente difícil tener las herramientas necesarias para crear una buena novela, empezando por la experiencia para estructurar y expresar de forma escrita el maremágnum de ideas, hasta llegar al sentido crítico y la experiencia como lector que escribe. Mis ojos se fueron abriendo con los años, a medida que seguía escribiendo y leía con un ojo que iba educándose, fijándome en todos los elementos que componían magistralmente libros como “El Señor de los Anillos”, “Un Mago de Terramar”, “Elric de Melniboné”… Y por supuesto de otros géneros alejados de la fantasía. En casa lo llamamos “hacer sharingan”.

Sin embargo, la vida a esa edad y hasta más adelante, es efervescente, apasionada, y existe una energía infinita con la que somos capaces de hacer cualquier cosa. Yo quería escribir, simplemente por el placer de canalizar de algún modo todo el universo que bullía en mi cabeza, y creo que hay pocas actividades que me hallan llenado tanto como escribir. Pero como rezaba el anuncio, “la potencia sin control no sirve de nada”, y necesitaba enfocar. Había generado un entorno, unos personajes, un principio traumático, incluso expresiones de un lenguaje propio. Ahora necesitaba saber qué iba a suceder con todo aquello y no tuve problema alguno en darle una estructura clara.

Os contaré un secreto: “Kelvalad, la espada oscura”, nació a partir de un videojuego que estuve haciendo, trasteando con una aplicación llamada “Click&Play” con la que era muy sencillo crear juegos simples. Así pues, escogí como personaje a un bárbaro que lanzaría hachas y decidí llamarle “Rúdrigar de Maraguil”. Pero mi ordenador heredado venía con algo más que esa aplicación y pasaba la mayor parte del tiempo flipando con el Word. Sin limitaciones de tinta, papel, horarios ni necesidad de ocultar mis creaciones a los ojos de los curiosos, empecé a escribir lo que se me ocurría. Así empezó todo.

“Eran tierras de nadie, donde no había leyes establecidas que respetar o incumplir, donde la noche apenas se distinguía del día y las sombras arrastraban su eterno llanto oscuro (…).”

Necesitaba una historia y progresivamente fui adaptando una que había ideado para dibujar un cómic que yo sabía que me llevaría la vida entera. Bueno, tal vez habría tardado lo mismo en dibujarlo que en escribirlo, pero no quiero ni imaginar lo que habría significado “corregirlo” 15 años después. También necesitaba un malo al que echarle la culpa de todas las desgracias para poner su foto en la pared y tirar los dardos. Una vez más volví a recurrir a mis cómics y rescaté la figura de un personaje al que le tenía mucho cariño a pesar de su oscura naturaleza, y que me resultaba muy magnético. Luego di rienda suelta a mi pasión por los mitos, leyendas, Japón y los ninjas, criaturas mitológicas y, por supuesto, mi adoración por los dragones. Es una enfermedad de la que más o menos he ido consiguiendo una cura a base de hartazgo, ¡pero joder! ¡Es que los dragones son la oblea!

Pero pasaron los años y al fin pude dedicar las vacaciones a terminar de escribir el final. Incluso empecé a escribir una continuación que iba a consistir en una trilogía. Lo tenía claro: amaba escribir y quería escribir una novela detrás de otra. Corregí innúmeras veces, ilustré numerosos fragmentos y preparé una versión en papel, lista para ser enviada a editoriales. De pronto, cristalizó en mi cabeza lo que tanto tiempo había temido. Aquella novela no tenía lo necesario para ser considerada por una editorial, y sólo podrían leerla aquellas personas allegadas o que sentían curiosidad por los mundos que les presentaba de primera mano. Sabía que, para que esa novela fuera algo más que un ejercicio de iniciación personal, tendría que trabajar duramente en ella, y ya había dedicado demasiados años. Estaba muy cansado y quería seguir avanzando. Poco tiempo después, mi vida cambió y mi tiempo se vio monopolizado por la ilustración y el diseño. Había puesto toda la carne en ese asador y ya sólo podría escribir relatos cortos, cuentos o guiones para cómics. Todo lo que tuviera relación con la ilustración. Mis novelas murieron. O, al menos, permanecieron inconscientes hasta que lo que parece haber muerto es mi trabajo de ilustrador.

Curiosamente, mis tratos con las editoriales no habían sido como autor, sino como ilustrador. Durante años habíamos jugado, empresas y yo, a un juego de desgaste al que yo llamo “¿Te imaginas publicar? Pues sigue imaginando“. He perdido la cuenta de las veces que me llegaba una propuesta tan cojonuda que se me saltaban las lágrimas de la emoción, en la que invertía mi ilusión y sentía que mi carrera despegaría. Si no hubiera perdido la cuenta de las veces que eso sucedió, recordaría la cantidad de veces que, después, el proyecto era desestimado o no seguía adelante por el motivo que fuera. Más o menos el mismo número de veces. A todo esto, no ayudó en absoluto ni la crisis económica de las empresas y las personas, ni la crisis ética, de la que adolecía directamente el podrido mercado laboral. Sea como fuere, estaba llegando al límite y de pronto surgió la idea. Un amigo, Javier G. Valverde, había decidido hacer realidad su ilusión de escribir y publicar un libro que tenía bosquejado. Leyendo “La leyenda del bosque que nunca existió”, recordé vívidamente cómo escribir había resultado tan gratificante para mí. La ilustración y el diseño me habían dado buenos momentos, pero los malos me habían herido de gravedad. Necesitaba volver a sentirme bien con lo que hacía. Decidí retomar la novela y darle las correcciones que necesitaba para sentirme orgulloso de ella, y todas esas ideas que ya no me sentía con fuerzas de dibujar, quiero darles la vida que se merecen, palabra por palabra.