Aventura Interactiva :: El Pincel de Historia

El Pincel de Historia, una aventura donde tu propia muerte asegura tu supervivencia.

 

Tienes ante ti un relato de ficción interactiva donde aprenderás a utilizar dos inusuales dones que solo tú posees y por los que te persigue un mago negro. Tienes una piedra mística del tiempo unida a ti y eres capaz de materializar una herramienta de sangre. ¿Serán suficientes para evitar que te capturen?

 

 

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Algunos ya conoceréis mi experimento anterior de literatura hipertextual al estilo “Elige tu propia aventura”, Horrores in de nait. Esta vez se trata de un proyecto más ambicioso, ya que tiene continuidad y es un formato perfecto para desarrollar una idea que tenía en el cajón desde hace varios años. La premisa es muy simple: tienes la capacidad de tocar un objeto con el pincel de historia y alterar su tiempo. La piedra mágica que te va guiando a lo largo de la aventura es la que hace posible la alteración del tiempo y, lo más importante, puede devolverte a la vida unos instantes antes de tu muerte. No por nada se llama Corindón Trolceta. Así que no tengas miedo de morir, porque morirás.

 

Si veo que esto funciona, haré un capítulo mensual y, ya puestos, al final lo publicaría como librojuego en digital. Así que no olvidéis comentar y compartir por donde os parezca oportuno, ya sean blogs o redes 🙂 Me encantará saber vuestras opiniones, ya que estoy entusiasmado con el formato nuevo, el tipo de narración y las posibilidades que se van abriendo.

 

Si te interesa escribir tus propios relatos interactivos, echa un ojo a Inklewriter.
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CdE :: La Magia de las Piedras Yárades

Crónicas de Enor

La Magia de las Piedras Yárades [Nesmid, el guía turístico]

Me has preguntado por la magia. Curioso… No comprendo cómo es posible que, teniendo una tecnología tan compleja y avanzada, te intereses por nuestra magia. Es verdad que nosotros tenemos la teleportación, pero ¿de qué sirve si no podemos usarla en nuestro día a día? Cada vez que magos y alquimistas descubren algo acaban poniendo mogollón de pegas. Pero lo primero es lo primero…: ¿tienes canalizadores o ambivalentes para pagarme? Sería una buena forma de empezar.
Verás, la magia está en todas partes. No sólo porque la Urdimbre nos conecte y nos rodee, sino porque influye en la economía y en nuestras costumbres. He oído decir que en tu mundo usáis metales como dinero, al igual que nosotros. Son las monedas más corrientes y las llamamos acuñables.
Entiendo también que uséis el papel, ya que en algunos sitios se aceptan pergaminos preconfigurados como moneda de cambio. Como se están dando casos de falsificaciones y timos, la República se plantea prohibirlos… Pero lo que se me escapa es eso de que la mayor parte del dinero en vuestros reinos sea «virtual». No sé qué brujería es esa.
En fin, que como decía antes, lo ideal para hablarte de la magia son los canalizadores. Es un sistema secundario de pago, pero ha ido cobrando importancia ya que resulta muy práctico. Son materiales que sirven como medio para canalizar, potenciar o bloquear magia, principalmente. Mira, aquí tengo algunos discos de cuarzo blanco, los más corrientes. No es una fortuna, claro, pero pueden proporcionarte cargas para la mayoría de artefactos. Los discos de obsidiana y cristal de roca son los más valorados porque tienen una sintonía mayor con la Urdimbre.
Sin embargo, y aunque también puedes pagar un montón de cosas con ambivalentes como diamantes, corindones y esmeraldas, lo más valioso que existe en Enor son los discos de oridiana. No existen muchos, su valor actual es de cien monedas de oro cada uno y son fruto de un sistema muy avanzado de metalurgia mágica. Se trata ni más ni menos que de la fusión del oro y la obsidiana. Es por eso que se trata del mejor potenciador mágico que existe. La Guardia Oridiana se llama así porque son los únicos que utilizan ese material.

Vale, vale, ya me ha quedado claro. No tienes ni una triste gema. Pues entonces, de yárades ni hablamos. ¿Qué pasa? ¿No hay yárades en tu mundo? Bueno, pero habrás oído hablar de ellas. En la leyenda de Los héroes del Kelvalad aparecen las más poderosas que se han descubierto hasta la fecha.

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CdE :: Visitas Turísticas en la República de Hyariban

Crónicas de Enor

Bienvenidos a Slyndbar [Nesmid, el guía turístico]

Mmm… Así que eres un extraenori, uno de los inalcanzables. Que eres forastero salta a la vista, pero no esperaba encontrarme con uno que viniera de tan lejos. Deja que me presente. Habré nacido en un mal barrio, pero aún nos enseñan modales. Mi nombre es Nesmid y, si crees que soy un niño, probablemente sea porque soy un miongháire, o mediano, como nos llaman los humanos. Y aunque sólo tengo quince años soy más alto de lo normal. Soy el lanzador de mi equipo de jumbelgunguel del barrio.

¡Ja, ja, ja! No pongas esa cara. Ya imagino que no tienes ni puta idea de lo que te estoy hablando. Como te he dicho, entiendo algo de modales. Si me lo permites te serviré de guía y te enseñaré la ciudad. ¿Tienes dinoros? ¿No? ¿Ni siquiera ónices? Bueno, supongo que podrás pagarme de alguna otra forma.

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Como se suele decir, «empecemos por los peludos pies». Bienvenido a Slyndbar, capital de la República de Hyariban, el país más meridional del Continente Blanco, Eylíndenor. Se podría decir que estás en la cuna de la tecnomagia, y en cierto modo os lo debemos a vosotros y al Descojone. Bueno, la mayoría de la gente lo llama así. Me refiero al Caos de Gwalathar, un cataclismo causado por los brujos hace casi doscientos años. No sé muy bien qué hicieron, pero abrieron muchas puertas que tendrían que haberse quedado cerradas y sucedió de todo. Fragmentos de nuestro mundo se intercambiaron por otros de otros mundos, como el vuestro, a lo largo de Enor. También se descojonó un poco la Urdimbre, haciendo más accesible la fuente de magia. Así que es lógico que, si a eso le añadimos lo mucho que aprendimos de vuestra tecnología, nos encontremos ahora  en la Era de la Tecnomagia. ¡Oh! ¡Atrás! Ha estado cerca… No te asustes si ves a estas personas aparecer de la nada, es otra consecuencia del Descojone. Mucha gente que vivió de lleno el desastre viaja por el tiempo y se intercambia por personas de otras épocas. Los llamamos ecos. Es una puta locura, pero te acostumbrarás.

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GELB :: Sofía

En Denia vivimos una temporada mi madre y yo, con Susa, Sofía y su padre Gus. Tenía tres o cuatro años. Era una zona de ciudad, un apartamento con un aire antiguo. Bien pensado, la mayoría de casas en las que viví con mis padres ya eran antiguas cuando las hicieron. Una de esas cocinas de azulejo y aluminio por un lado, una bañera oxidada por otro. En esa zona causamos sensación mi prima Sofía y yo. Éramos dos niños con apenas seis meses de diferencia y nos llevábamos tan bien que la gente pensaba que éramos hermanos. Y, a decir verdad, nosotros también. A nuestras madres les costó lo suyo convencernos de la verdad. Iba en contra de nuestra lógica ya que, si mi madre y la suya eran hermanas, a la fuerza nosotros teníamos que ser hermanos. Debimos de pensar que aquello era algo que se heredaba. Pues bien, éramos como hermanos, como una masa con identidad propia cuando estábamos juntos. Pero luego cada uno, por separado, era muy distinto. Yo era especialmente activo, «como una moto», me decían. Sofía era más tranquilita y no daba mucha guerra. Pero a la hora de llevarnos de un lado a otro, la gente prefería cargar conmigo. Y no era porque yo siempre haya sido un chico delgado y ligero, sino porque redistribuía mi peso para adaptarme mejor a quien me cogiera. Tal vez buscaba mi punto de equilibrio y me coordinaba muy bien con mi porteador. Mi prima, cuando la cogían en brazos, decían que era un «saco de patatas», un peso muerto. Es posible que tuviera que ver con el grado de actividad, porque todo niño dormido en brazos obtiene el superpoder de pesarle hasta las pestañas. Luego el tiempo se descojona de nosotros, transformándolo todo con ironía. Cuando crecimos, mi prima fue la activa, siempre moviéndose, siempre haciendo cosas. Yo fui perdiendo mi energía sin límites. Me pregunto si seré un peso muerto en caso de que me vuelvan a coger en brazos, con mis setenta kilos.
Sofía siempre ha sido muy bonita, con una sonrisa preciosa y de carácter agradable y tierno. Incluso en una época en la que nuestras madres debieron de cortarnos el pelo borrachas. Yo tenía trasquilones por todas partes y ella… bueno. Cuando fuimos a la playa, al sol y medio en pelotas, parecía una pequeña troglodita. Más adelante tuvo que ponerse gafas para corregir su hipermetropía. A ella no le gustaban, pero a mí me parecía que le quedaban muy bien y que hiciera lo que hiciese, siempre sería guapa. Al final se le corrigió y, en cuanto a mí, me tocó el resto: miopía y astigmatismo. Al contrario que Sofía, yo soy incorregible.

"Los veranos mudos", de Pilar López Báez

“Los veranos mudos”, de Pilar López Báez

Una tarde, Sofía y yo esperábamos a nuestros padres, allí en la casa de Denia. Escuchamos algún ruido, voces, y pensamos que podían ser ellos. Pero ser pequeño es engorroso para todo lo que mola. Te ves limitado en cualquier situación y acabas buscándote las mañas para superar todos los obstáculos. En este caso, tuve la genial idea de coger una de las sillas de la cocina para asomarme a la mirilla. Está bien, es un clásico, pero no fue genial por evidenciar hasta qué punto había desarrollado la inteligencia. Y no fue genial para mí, sino para mi prima. Nuestros padres volvieron, por supuesto. Aquel fue un día ordinario en nuestras vidas, no hubo ningún hecho destacable. Lo destacable llegó a la mañana siguiente, cuando fuimos a desayunar. Se ve que me había hecho a la casa porque, con los ojos todavía cerrados a causa del sueño, me dejé llevar por la mecánica de mis movimientos. Concretamente al suelo. Fui arrastrado por la fuerza de la gravedad sin encontrar el apoyo de mi silla, que había pasado la noche entera ante la puerta de casa. Al aterrizar con el culo me desperté al instante, pero tardé un rato en darme cuenta de lo que había sucedido. Sofía aún se descojona recordándolo. No fue la única vez que mi culo golpeando el suelo hacía reír a mi prima y, a pesar del dolor, lo que recuerdo con cariño es su risa.

Fragmento :: La Leyenda de los Espíritus Inmortales

En la próspera isla de Daojima se han aprendido desde tiempos inmemoriales algunas de las más importantes técnicas de las cinco fases, el onmyodo y el feng shui. No era extraño que los emperadores viajaran tradicionalmente a la fastuosa ciudad que daba nombre al lugar y profundizaran en el conocimiento de los espíritus inmortales, la energía de las cinco fases y los sesenta y cuatro sellos sagrados. Los sha-man, o chamanes tao, eran los encargados de enseñar los secretos mejor guardados al monarca. Como era lo acostumbrado, el emperador Izanobu permaneció un ciclo anual en Daojima, como lo hicieran antes que él su padre, el padre de su padre y, a su vez, los emperadores que lo precedieron. Izanobu fue conocido por su magnanimidad y su profundo amor por sus hijos, la princesa Nihime y el príncipe Tsukiro, a quienes llevó con él. Los pequeños aún no habían cumplido los ocho ciclos, eran gemelos y estaban unidos por unos lazos inquebrantables. La mujer del emperador había rogado a su marido que no los llevara consigo, pues las hojas de té habían presagiado una terrible desgracia. No eran muchas las personas dotadas con poder para interpretar los designios, e Izanobu nunca creyó que su mujer hubiera sido bendecida con semejante don.
Las advertencias no habían sido infundadas, pues un terrible monstruo vivía en la isla de Daojima. Era un oni descomunal, de rostro azul, con cabello y barbas de fuego. Dos hileras de cuernos adornaban su frente y crecían espolones en sus piernas, por debajo de la piel de tigre que lo abrigaba. Sus ojos eran de rubí, y su gargantuesca boca podía tragar un caballo de una vez. Grandes colmillos curvos sobresalían de ella, y tenía el poder de soplar vientos capaces de arrancar todas las hojas de los árboles. Cabalgaba nubes y creaba tormentas con su garrote, desafiando a los hombres, los tengu y los espíritus inmortales. Nadie podía hacer frente a su poder. Su hogar era la Montaña de las Peonías Inmarcesibles, por fortuna muy lejos de la ciudad y los poblados de la isla. Nadie podría imaginar que semejante monstruo tuviera interés en recorrer tanta distancia para alterar la paz de los hombres, pues se conformaba con reinar en su montaña y en los alrededores, devorando toda clase de criaturas. Pero el señor de la montaña estaba cansado de probar siempre los mismos platos, creía que ya había probado todos los sabores existentes. Con su portentosa nariz olfateó un olor desconocido y no pudo dormir pensando en el origen de aquella fragancia, deseando probar su sabor. No pensaba en otra cosa, de manera que, en mitad de la noche, cabalgó las nubes y recorrió los cielos hasta llegar al palacio del emperador. Allí encontró al pequeño príncipe, durmiendo en su alcoba, y se le hizo la boca agua. Soplando un potente viento abrió un agujero y cogió al príncipe con una mano garruda, mientras con la otra apartaba a manotazos a los impotentes guardias. Los dragones ya no reinaban en Torishima, por lo que nadie pudo hacer frente a la bestia, que se subió a una nube y huyó con su preciado botín al tiempo que reía y cantaba. En el palacio, todo fueron llantos y rechinar de dientes.

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Odriel :: La Técnica de los Siete Sellos

Ahora mismo estoy con este relato sobre el pasado de uno de los clarividentes de Lorian, Odriel. Este es el principio:

 

Odriel cumplía treinta años, lo que no era mucho para una semielfa. El mundo, por otro lado, se movía a una velocidad siempre diferente a la suya. Los humanos que conoció de pequeña creaban ahora nuevas familias, y sus hijos no se diferenciaban demasiado de los elfos que conoció al mismo tiempo, hace más de veinte años. Al menos mientras no hablaran. Los niños elfos viven infancias muy largas y, aunque su visión del mundo no deja de ser pueril y limitada, las experiencias que han vivido durante tantos años, lo que han aprendido de sus mayores, lo que han absorbido a través de la esponja de su curiosidad sin fin, han hecho de esos niños unas personitas sabias a su manera. Son muchos los que admiran la sabiduría que emanan las palabras de los niños elfos, en ocasiones más elevadas que las de los más insignes eremitas humanos. Tal vez por la pureza de su lógica, aún sin contaminar por los continuos etiquetados, la capacidad de fijarse en lo importante sin el ruido de las múltiples preocupaciones que trae consigo la madurez, y sumado a una experiencia pareja a la de un humano adulto. Claro que los pequeños elfos no están exentos de ciertos agentes contaminantes, de la influencia de sus mayores y su forma de pensar, del entorno en el que viven. Pero los cambios son un proceso muy lento en comparación con la frenética vida de los humanos.

Para Odriel, incluso lo que parecía inmutable, como su padre elfo, también se hallaba en una corriente que jamás se detenía mientras ella crecía. Algunos de sus amigos de la infancia parecían detenidos en el tiempo; otros envejecían, se casaban y tenían hijos; y luego estaba Odriel, que  experimentaba el despertar de muchas sensaciones hasta entonces desconocidas pero extrañamente familiares. El tiempo parecía tener reglas para todos excepto para ella. El único punto en común es que la adolescencia resultaba una etapa difícil para todo el mundo; no entendía de razas.

En el caso de los elfos, su cacareada sabiduría infantil parece diluirse al atravesar la adolescencia, como proclaman otras razas, diciendo que cuanto más pequeños son, más adultos parecen; y que, cuanto más viejos, más infantiles resultan. Odriel miraba a su padre y creía en esas palabras. En verdad se comportaba como un crío, ahora lo veía más claro que nunca. No es que su padre hubiera cambiado un ápice desde que lo conociera. En realidad solo habían cambiado sus circunstancias, pero seguía siendo el mismo aventurero loco de orejas puntiagudas. Quien más había cambiado era Odriel y su forma de percibirlo. Pero ella era su propio punto de referencia, por lo que su padre también había cambiado a sus ojos, de un modo u otro. La semielfa se veía a sí misma como el eje principal de un sistema solar, en el que cada astro giraba a su alrededor a velocidades completamente distintas. Algunos poseían satélites que giraban como locos, de forma vertiginosa, mientras más allá había un universo que permanecía en apariencia inmóvil. En cualquiera de los casos, sentía que nada fluía al mismo tiempo que ella. Para reforzar esta idea, volvió por última vez la cabeza hacia su madre. Su piel seguía tersa pues, a pesar de su tono oscuro, en su frente y sus pómulos se reflejaba el azul del cielo. Sin embargo, a sus cincuenta años, el tiempo había dejado su firma en las arrugas. Alrededor de su boca evidenciaban las alegrías de haber pasado tantos años junto a su hija; alrededor de los ojos, las preocupaciones de haber criado una mestiza en un mundo en el que se habían aceptado el blanco y el negro, pero no los grises. También gris era el cabello crespo de Nyah Lumumba y, aunque Odriel no era consciente de que la próxima vez que viera a su madre, el blanco habría ganado terreno al gris, sabía que el tiempo era cruel con la raza humana. Lo aprendió en su último viaje con su padre, a su regreso. Sigue leyendo

En algún lugar del bosque de Warmond

Un microcuento con un estilo bastante afectado. A veces me da por ahí. Probablemente use la idea para desarrollarla en un cuento de Enor.

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Salí a comer con un viejo amigo y la chica que me gustaba al placentero bosquecillo de Warmond, junto al canal, donde pastaban vacas y paseaban lugareños en barquichuelas, transportando bienes, fumando su tabaco despreocupados.

Solazados bajo los árboles, los haces de luz de la mañana se filtraban espesos y corpusculares, inundando de paz nuestros ánimos. No fue una salida programada, todo era fruto del azar y de un encadenamiento de ideas fulgurantes que nos había llevado al fin, con sus más y sus menos, a deglutir todo alimento que hubiéramos dispuesto tras un reconocimiento por la zona. Embriagado por el momento y motivado por la presencia de mi anhelada dama —siendo esto el prolegómeno de una concupiscencia ulterior, pues en verdad me movía el deseo de poseerla aceptando con resignación el ineludible romanticismo del proceso previo—, determiné como un experto que los hongos que había recogido eran unos manjares que ensalzarían tan improvisado almuerzo. En verdad solo sabía que no eran venenosos, no al menos mortales.

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Seis Sabios Simios

Seis sabios simios,

al saberse deseados,

se subían a las ramas

de su sauce sin retraso,

para así escapar 

de una espinosa situación,

pues en el suelo salivaban salvajes

tres tigres trastos.

Tramaban truculentos la tragedia:

¡tragarían a todos como truhanes!

Mas trabados se tornaron

trepando por el tronco.

¡Qué terrible contratiempo!

Microrrelato :: Érase un fin

Hubo una gran luz. Silencio.

 

Ella, y él, se detuvieron para mirar el cielo. Era de día y, sin embargo, no había luz. Nubes grises cubrían todo lo que a su alrededor no eran montañas. Las montañas también eran grises, mas se hallaban yermas, rasas. Se fundieron en un abrazo, ella, y él.
—Nos amaremos para siempre —dijeron.
Sobre ellos se erigían titánicas naves, dirigibles más oscuros que su cielo, incontables y ominosos. Allí arriba, suspendidos como si permanecieran inmóviles.
Y recordaron.

 

En aquel paraje, años atrás, se dijeron las mismas palabras. El cielo mostraba su intenso azul sin reservas, como su amor, inundado por la calidez de los rayos del sol. Jugaron a buscarse, se encontraron y rodaron por el suelo. Sus cuerpos se entrelazaron hasta olvidar de quién era cada miembro, cada fibra, cada palabra susurrada entre el viento. Sus dedos trenzaron el tiempo entre sus cabellos y los labios jugaron a no tener dueño.
Cuando volvieron a la civilización, jugaron a ser parte de ella, a vivir, a ser dueños y esclavos de sí mismos. Dejaron la libertad en las montañas y jugaron a estar locos, pero era la civilización la que se tomaba la vida muy en serio, y su locura no era broma.
Ella, y él, vivieron la locura de la civilización. Buscaron en las taras su perfección, entre el ruido se miraban en silencio. Se abrazaron, se besaron y se amaron para siempre, en medio de la locura. A su alrededor, la civilización oscureció el cielo; esquilmó la tierra; desplegó sus naves; enloqueció. Su locura no era broma. Trajo la muerte y volvieron a las montañas, donde habían escondido su libertad.
No quedaba nada más. Ella, y él, no podían elegir donde vivir, de manera que escogieron dónde morir.

 

Dicen que, cuando te encuentra la muerte, una luz precede los recuerdos de toda una vida. Ella, y él, vieron una gran luz. Luego el silencio, y recordaron tras jurarse amor eterno. Ella, y él, vivieron la muerte como el mundo dijo que era. Solo que el mundo, como toda esta historia, estaban al revés.

 

fin del mundo

Microrrelato :: Volver a Empezar

Volvieron a ser invisibles y, por más que las buscaba, no hacía más que tropezar. ¿Cómo no iba a hacer el mayor de los ridículos, si con el primer aguacero desaparecían las señales que dejé? Ni rastro de aquellas flechas que evidenciaban mis accesos previos, las advertencias de curvas peligrosas, nada. Sólo las que habían sido marcadas a fuego por el amor y el dolor quedaron a la vista. ¡Me quedaba tanta vida por recorrer!

primos salvajes

Filtros de amor y el Ministerio de Ética

Si me hubieran preguntado hace cuatrocientos años, ni en mis más alocados trances habría imaginado que hoy vería elfos caminar de la mano de los humanos, compartir licores con enanos y hasta hacer tratos con orcos. Por supuesto que tenemos nuestras diferencias, pero nos sucede hasta en el seno de nuestras amadas familias. Nuestras diferencias no han cambiado en estos siglos, puedo jurarlo. Lo que ha evolucionado lentamente es el grado de aceptación y empatía, que nos ha acercado y nos ha hecho tratarnos como una enorme familia; una en la que unos tienen las orejas puntiagudas, otros lucen barbas donde se podría esconder una cítara, y muchos de ellos crecen muy rápido, ansiosos por dejar huella en este mundo joven. Algunos hermanos son conflictivos, sean de la raza que sean. Otros, también al margen de su estirpe, se ganan un lugar en nuestros corazones. Por eso, entre nosotros nos llamamos simplemente “personas”.

 
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Los resentimientos, las envidias y las suspicacias pueden perpetuarse durante años, es difícil cambiar ciertas creencias culturales y borrar la oscuridad del pasado para dar paso a esta nueva era, que ya no es la del Equilibrio sino la de la Tecnomagia. Casi doscientos años después del Caos de Gwalathar, seguimos mirándonos con desconfianza pero sin miedo. Estoy convencida de que gran parte del avance fue culpa de aquel desastre. No hay nada para aprender a estar unidos que enfrentarse a un enemigo común. Lo mejor de todo es que una vez acabamos con aquella crisis y fuimos exiliando a nuestros enemigos a Eládranor, el Continente Oscuro, no teníamos por qué seguir unidos, pero lo hicimos. Fueron años de bonanza y parabienes, no teníamos la necesidad de juntar recursos ni ejércitos. Curiosamente, gracias a los numerosos ejemplos de camaradería nos dimos cuenta de que no éramos tan distintos. Desde que tengo conocimiento nuestras razas han tenido tiranteces, incluso han llegado a guerrear, casi siempre por las mismas causas. Los enanos se movían por el oro y otros recursos, los elfos por territorio. Los humanos, según tuvieran el día. No puedo evitar sentir que son los más inestables debido a su naturaleza. A día de hoy apenas hay conflictos entre países, al menos ninguno racial. Lo habitual suelen ser luchas internas por el poder, algunos grupos y sectas que promueven el odio, gente que ha tenido problemas personales con alguna persona de otra raza y ha hecho de la excepción una regla.

 

Aquí, en Slyndbar, poseemos una diversidad cultural difícil de igualar. No podía ser menos tratándose de la capital de un enorme país que nació de la fusión de otros dos, sin olvidar que tenemos cerca algunas de las principales islas del continente Eylíndenor. No es de extrañar que nuestro Senado esté compuesto por representantes de todas las razas, creencias, órdenes religiosas y estratos sociales. Mi trabajo como senadora no es nada sencillo, puesto que tanta pluralidad nos obliga a discutir más y poner más empeño en lograr las mejores soluciones para el bien común. Y si este trabajo resulta arduo, el que verdaderamente supone un desafío diario es el que desempeño en el Ministerio de Ética.

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Alerta Alquimistas: el Capitalismo va a Llegar

No te vas a creer lo que me sucedió esta mañana.
Como la mayoría de los alquimistas, cocino por la tarde y abro mi tienda para la venta al público desde primera hora del día. Cualquiera pensaría que los alquimistas somos testigos de los fenómenos más extraños cuando realizamos nuestras pociones o investigamos nuestros temas preferidos. Pues no, es tratando con clientes cuando nos suceden las situaciones más inverosímiles que te puedes echar a la cara. Concretamente, esta mañana me ha llegado un señor bien vestido, muy serio. Como si trabajara para algún ministerio. Ha paseado la mirada por las estanterías con aire de suficiencia y, tras echar un vistazo al género, ha comenzado a agasajarme.
—¿Es usted Rotis Walbaum? Es un placer, he oído hablar mucho de usted, ¡es un gran alquimista, un genio!
En este punto ya estaba desconcertado. Miré tras de mí, por si hablaba con otra persona. Si alguien había mencionado mi nombre alguna vez, probablemente no sería para elogiar la estabilidad de mis pócimas inflamables. No es que sea un alquimista regulero, pero tampoco soy “un gran alquimista, un genio”.
—Eh…, bueno. Se hace lo que se puede. Ya sabes. Se me dan bien las cocciones. ¿Qué puedo hacer por ti?
—La pregunta no es “qué puede hacer usted por mí”, señor Walbaum, sino qué puedo hacer yo por usted.
—¿Ah, sí? ¿Y qué puedes hacer tú por mí?
—Le voy a proponer una oferta que no podrá rechazar.
No sé de dónde sacaba aquellas frases. No las había escuchado nunca pero me llamaban poderosamente la atención. Asentí como un bobo. Quería más.

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3 Ramas de la Alquimia que Estudian la Urdimbre

Ya es definitivo. Me han requisado todos los filtros de amor y se ha prohibido su venta en todo el país de Diliban. ¡Maldito Ministerio de Ética! Si seguimos con estas trabas no vamos a avanzar más en I+D+A (Investigación, Desarrollo y Alquimia). Hasta esos palurdos de Eládranor acabarán teniendo mejor tecnología que nosotros. ¿O acaso creen que hemos llegado tan lejos tan sólo recogiendo flores y contando estrellas? Como decía mi padre, “no se puede preparar una tortilla de Fuerza +2 sin destruir un nido entero de víboras aladas”. Entiendo que existan unos límites, hay gente muy depravada en el campo de la alquimia, pero con gusto sacrificaría un par de personas si con eso puedo salvar a otras doscientas. Yo trabajo por un bien ulterior. Además, los filtros de amor ayudan a equilibrar la tasa de natalidad tras ciclos de bajona poblacional.

 

Pero no puedo hablar de mis filtros. Está prohibido. Y como ya te he hablado acerca de la aurcania, la rama de la alquimia que estudia los arcanos y las yárades —unas piedras mágicas de gran poder como las que usaba el mítico Gildegar, uno de los héroes del Kelvalad—, te enumeraré algunas de las restantes siete ramas principales.

 

Desde que se descojonara la red de energía de Efferd en Enor, hace un par de siglos, una de las artes que más ha evolucionado y que ha cobrado mayor relevancia es el estudio y manipulación de la Urdimbre. Como se trata de la fuente de la magia, seguramente te preguntarás por qué no se dedican los magos a estos menesteres. Hasta el suceso que trastocó la Urdimbre, la magia era asunto de magos, hechiceros, brujos y criaturas con afinidad especial con la energía de los dioses y más concretamente de Efferd, deidad de la magia. Luego se entremezclaron planos de existencia, porciones de mundos remotos en lo que llamaríamos un “programa de intercambio aleatorio”, se contaminó la Urdimbre y el tejido se hizo más… maleable. Lo que propició que la civilización prosperara, aparte de los descubrimientos que nos dejaron dichos mundos, fue que nunca antes la magia había sido tan accesible para los no iniciados. Por supuesto, no cualquier campesino puede llegar y soltar unas chispas. Afortunadamente, porque más de uno quemaría los campos por accidente. Sería un caos. No, los magos y practicantes de la magia son los principales usuarios y modeladores de la Urdimbre, pero gran parte de los avances en tecnomagia y medicina provienen de la alquimia. Concretamente de la taumaturgia, la rama que estudia la Urdimbre, el hainu y el od.

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