Worldbuilding :: Diseñando las Fuerzas del Orden

—¡Alto! ¡A mí la Guardia! —dijo el vendedor, al apercibirse de cómo un ratero mermaba sus existencias.

—De acuerdo, ¡prendedlo! —respondió el sargento, señalando al vendedor.

Un soldado de rasete se encogió de hombros y activó una varita de incineración, reduciendo al pobre vendedor a un montón de ascuas humeantes. El ratero aprovechó para llevarse la caja de caudales. Al fin y al cabo, iba a necesitar un nuevo dueño.

 

Ay, la Guardia… Buena gente. De vez en cuando te topas con algún que otro cabezatroll, pero eso no quita que haya divisiones y oficiales de lo más preparados y aptos. Al fin y al cabo hay un hueco para todo tipo de profesionales, ya que la Guardia se divide en multitud de unidades, brigadas y secciones.

Voy a aprovechar un alto el fuego en la escritura de mi próximo libro y hablaré de una de las muchísimas materias que me veo obligado a estudiar y definir para la construcción del nuevo entorno de Enor. En este caso se trata de las fuerzas del orden que existen en el país protagonista, Hyariban, y entre ellas está nuestra querida Guardia.

Quien se adentrara en el maravilloso mundo de Enor de la mano de Aevirae, descubriría en la Guardia a los mayores patanes que pudieran contratarse por una soldada y la promesa de dar rienda suelta a la mezquindad de sus corazones con total impunidad. Y el capitán de la Guardia Rostar era el más patán, el más mezquino, y un cuñado de manual. Además, contaba con el amor incondicional de su teniente, que no era capaz de ver la realidad de su mediocridad y siempre encontraba una razón para justificar sus estúpidas decisiones.

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Sin embargo, Rostar es un personaje del primer siglo de la era tecnomágica de Enor. La Guardia de la ciudad de Slyndbar se encargaba de todas las tareas a través de sus divisiones. En aquel entonces los soldados y oficiales iban todos con un uniforme muy similar, que contaba con protecciones algo más ligeras que las antiguas armaduras de la Era del Equilibrio pero poca magia. Aquí te muestro las divisiones y un ejemplo de un juguete de los Capturadores: Sigue leyendo

2 Novelas que se Están Cocinando Ahora Mismo

Ricardo Lorenzo, el pediodista argentino afincado en Aranjuez que moderó el Encuentro de Autores Independientes de Aranjuez y que me causó una honda impresión, arrancaba mi presentación con unas palabras rescatadas de una de las entradas de mi blog:


(…) A veces escribimos gracias a lo que conocemos y, otras veces, nos conocemos gracias a lo que escribimos.

No es la primera vez que escucho con interés una cita para descubrir que la he dicho yo en algún momento, lo que por un lado me hace sentir que me caigo bien a mí mismo sin quererme en exceso (y eso está bien); por otro, no obstante, me hace recordar otra cita de James M. Barrie en su novela más conocida:


(…) Mas Peter Pan era un aturdido y decía las cosas tal y como le pasaban por la cabeza.

No es que yo hable siempre a lo loco, sin pensar, pero no le doy a veces importancia a lo que digo. Es un estigma derivado de la relatividad en la vida. Las palabras no son sólo mi herramienta sino, además, mi campo de juego, y la verdad es que paso mucho tiempo jugando con ellas. Pero estas palabras, de la boca de otra persona, me han sido devueltas tras haber visto mundo y las acojo con gusto. Cada día lo creo más, sobre todo al escribir “Gusanos en la basura”.

 

Y, a propósito, ¿qué sucede con GELB? Ha pasado un tiempo y por fin puedo sentarme a poner algunas ideas en orden, trazar mi línea de trabajo en los próximos meses y contarte un poco lo que vas a encontrar en el blog; y, en un futuro espero no muy lejano, en las tiendas.

 

Gusanos en la basura.

GELB es una novela testimonial que tenía en mente, una mezcla de realidad autobiográfica aderezada con pequeños parches de ficción. Me decidí a escribirla como una terapia, como si ella misma me pidiera que la sacara a la luz. Me di cuenta del bien que podía hacer arrojar luz sobre una infancia de tinieblas sobre la cual se sustentaba mi vida adulta, tambaleante. En los últimos años, mis recuerdos sobre los momentos más duros habían resultado muy persistentes, parecía que mi mente quería darme a entender quién soy y por qué. Como si hubiera vivido una tregua durante unos años, mis experiencias, traumas, recuerdos y educación se habían mantenido tras el velo de una vida feliz e intensa. Al caer en la depresión, más tarde, todo aquello volvió con fuerza y sentí que tenía que empezar a canalizarlo de alguna forma. Hablando con un amigo, le di vueltas al concepto del perdón, algo que nunca pasó por mi mente. ¿Perdonar? No sabía ni siquiera que tenía asuntos pendientes, que tenía que hacer las paces con alguien. Y darte cuenta de que, en el fondo, existe un atisbo de resentimiento, es un paso importantísimo. Descubrí que llevaba todos estos años resentido con la vida que me habían dado, y que me había proporcionado pistas en numerosas ocasiones al decir frases como “no quiero traer un niño a este mundo si no puedo asegurarme de que tendrá una buena vida”.
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Infiltración: 3. Soth

[Parte 1]

[Parte 2]

El golempuerta, carente de emociones, estaba programado para rodear con sus brazos de piedra a cualquier intruso que no recitara la contraseña, añadiendo a su captura un mensaje de voz que decía con sorna «¡abrazos gratis!».
Las luces de hainu se encendieron simultáneamente, cegando por un momento al intruso inmovilizado. En el centro de la sala recién abierta, donde había instalado un punto de teleportación, apareció entre bruma y burbujeos mágicos una pequeña criatura. Era un mediano en pijama.
—¿¡Otra vez, Aevirae!? ¿Es que no puedes venir a visitarme en horario comercial? —dijo el hombrecillo, enterrando sus hinchados ojos de sueño en la palma de una mano. En la otra, sujetaba distraído una novelita titulada «Encantamiento de amor».
—Oh, vamos, Soth! Ya sabes que no me gusta molestarte —respondió ella socarrona. El intruso era una chica delgada, de cabello claro con un ligero tono morado.
—No, claro… despertarme de madrugada no es molestia…

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Infiltración: 2. En el interior

Susurrando un comando mágico, hace crecer las uñas de sus manos hasta un punto más que aceptable para un bardo que quiera darle vida al laúd. O para un ladrón que quiera pasar inadvertido encaramado a las vigas de lo que parece ser una biblioteca. Un ladrido lejano afianza si cabe su determinación de no pisar el suelo. Los techos altos son el escondite perfecto, pues las escasas velas apenas llegan a iluminar los alrededores y las sombras bailan, haciendo imperceptible el movimiento en las alturas. Lo malo es que, con tan poca claridad, tampoco resulta fácil percibir la presencia de nadie hasta que está demasiado cerca. Así pues, sólo confiando en los instintos y sus aguzados sentidos, llega al único acceso visible a la sala, una puerta que seguramente conecta con un pasillo. Inmóvil, lo único que se oye en la sala es el latido de su propio corazón. Parece que no hay peligro, por lo que se deja caer hasta el suelo, flexionando las rodillas y rodando por el suelo para amortiguar el impacto. Cualquiera hubiera esperado algún “pam” o un tímido “stomp” pero aquel allanador, simplemente, no había producido más sonido al caer que el de su ropa crujiendo al desplazarse. Ya de pie, atranca la puerta con una silla bajo el picaporte. Por un momento, como siempre, se imagina lo gracioso que sería que la puerta se abriera hacia el otro lado.
 Seguidamente se acerca a una estantería que encaja en la pared en lo que a primera vista habría parecido un arco ciego. Sin embargo, al tirar de la estantería aparece detrás una entrada de escaso tamaño que permanecía oculta. La oscuridad aquí es absoluta, de modo que nuestro personaje saca de un bolsillo oculto una sortija con una pequeña piedra iridiscente, colocándosela en la mano izquierda y susurrando la palabra de poder que activa su magia. Ilumina suavemente el contorno de unas escaleras que bajan caracoleando, por donde prosigue su camino durante largo rato.
 Para su sorpresa, un muro bloquea el paso al final de la escalera. Aquí las paredes son bastas y construidas con piedra y argamasa, nada que ver con el aspecto refinado de la biblioteca. Incluso el suelo es irregular y se halla tapizado de arena y guijarros. Cogiendo uno de ellos, lo arroja contra el muro con gesto despreocupado. Nada sucede al chocar, pero al rebotar la piedrecita queda suspendida en el aire, inmóvil. Sin lugar a dudas se trata de una trampa paralizante que ha estado cerca de dar por finalizada aquella incursión nocturna. Tras arrojar un puñado de arena y hacer más visible el tejido mágico de la trampa, puede rodearla hasta llegar a la pared y posar sus manos sobre el relieve de piedra, tanteando. Una breve búsqueda que da sus resultados, puesto que encuentra unos goznes y empuja, dejando libre acceso a la siguiente sala. Ese es el verdadero objetivo: el almacén de objetos mágicos. Nuestro personaje se frota las manos, lo cual es un error, todos lo sabemos. Y no lo digo porque tenga unas uñas modificadas mágicamente como para arrancarse una verruga al rascarse, sino porque siempre que un personaje se frota las manos paladeando su premio, sucede algo que frustra sus alegrías. En este caso, al entrar se cierne tras de sí la improvisada puerta pétrea, que no es otra cosa que un pequeño golem de piedra que apresa al ladrón al instante.

[Parte 3]

Final de Aevirae

Tras terminar de dibujar la última viñeta del cómic de Aevirae, sentí euforia. Pero tras terminar de colorear la penúltima página, ha sido todo lo contrario. Me he quedado chafado, sin ganas de terminar esa última página y despedirme. Aevirae se ha convertido no solo en mi mayor personaje, sino en un icono, un símbolo, mi Totoro.

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Aevirae nació hace muchos años en las páginas del libro que sigue a Kelvalad. En dicha historia encontrábamos a una joven ladrona/asesina que huía de una ciudad y se topaba con los héroes del Kelvalad. Apenas una chiquilla, su personalidad era algo caprichosa, inmadura, orgullosa y muy suspicaz. Tras una década más o menos desde el momento en que decidí crearla en las historias de Enor, congelada en las páginas de una novela que no pensé que pudiera terminar, la rescaté para un nuevo proyecto.

diseño aevirae

En verano de 2009 quería volver al cómic como un medio de aprendizaje, ya que quería obligarme a mí mismo a dibujar un poco de todo, sobre todo fondos, y dibujando cómics acabas hartándote a dibujarlos. También para mejorar mi técnica de coloreado y no dejar de dibujar. La idea era crear una novela gráfica de género detectivesco donde se sucediesen extraordinarios casos de desaparición y asesinato en un ambiente donde hubiese magia, dándole un toque de originalidad a las obras de detectives a las que estamos acostumbrados donde todo obedece a la razón y la lógica modernas. Quise hacer todo esto por mi admiración y mi gusto por este género y mi mayor inspiración por el personaje de Maurice LeBlanc, Arsene Lupin, desembocó en la figura de una ladrona como protagonista. Que fuera Aevirae se trataba de una inevitable cuestión de permanencia retiniana, que de tanto imaginármela no podía darle el papel a otro. La idea original de narrar historias largas en novela gráfica, presentando un caso de Aevirae robando o asesinando de forma casi milagrosa y dejar que el lector vaya arguyendo al tiempo que la historia recoge la madeja a través del hilo de pistas y recuerdos, se fue perdiendo debido a lo ambicioso que resultaba para mí. Se me quedaba grande.

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Así que dibujé muchísimos concepts de la nueva protagonista, los inventos, artilugios y personajes que poblarían el entorno de Aevirae. En enero de 2010, aún sin tener claros todos los aspectos, me decidí a dibujar tiras (al principio diariamente) para ir preparándome y preparando el terreno a lo gordo. Así creé el blog “Aevirae, mi camino del ninja”.

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En agosto de 2010 empecé con el capítulo introductorio de lo que iba a ser la novela gráfica. A pesar de que en todo momento ha sido un cómic experimental en el que lo importante para mí era explorar las capacidades del arte secuencial, esta primera parte fue mucho más homogénea de lo que sería la siguiente.

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En febrero del año siguiente se iniciaba el 2º capítulo que, al llegar a la página 5, se atascó y tardó 4 años en ir desarrollándose. Hasta entonces, Aevirae había logrado ir haciéndose conocida y era parte del mundo del webcomic gracias a la comunidad de Subcultura… Hasta que llegó mi largo hiatus y mis actualizaciones anuales. En este capítulo ya probé de todo. Quería usar más color que antes, y acabé hartándome de ciertas fórmulas. Al final he hecho lo que me ha dado la gana en todo momento, la verdad.

valthieca mansion colorQuiero pensar que la vida que le tenía deparada no se perderá. Al fin y al cabo, Aevirae es una superviviente nata. Sobrevivió a la novela que parecía que nunca iba a ver la luz y saltó de plataforma. De tira cómica en formato webcomic se puso seria con la novela gráfica. Ahora, tengo para escribir no sólo su origen, sino alguna historia que parecía destinada a continuar en viñetas. No sé si algún día volveremos a verla con su tono gamberro apoderándose de objetos mágicos y burlando a la guardia en alguna tira suelta, o si protagonizará algún capítulo de cómic otra vez. Tal vez en un futuro lejano. En cualquier caso, no puedo decir adiós a dibujar. Mis ojos están puestos en el proyecto de “Gusanos en la basura”, aunque no tenga claro aún qué voy a hacer. De momento, lo que sé es que le digo adiós a la Aevirae que durante estos últimos 5 años ha sido mi musa, y que aún sin llegar a convertirme en Pigmalión, reconozco que la quiero por todo lo que he puesto de mí en ella como todo lo que ella me ha dado a mí.

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El proyecto surgió en una época difícil, en la que comenzaba a afrontar lo duro que podía llegar a ser conseguir un trabajo decente. Había quebrado la última empresa donde había sido feliz y todo lo que le siguió fue de mal en peor, hasta derivar en un terror visceral a trabajar en el que siempre había sido mi campo. Dedicarle tiempo al proyecto me ayudaba a sobrellevar gran parte de mis dificultades, Aevirae ha sido un bálsamo para mí. Ahora que tengo que despedirme no ya de ella como personaje (ya que de hecho estoy escribiendo sus orígenes), sino como una actividad, me siento como un enfermo que va a cambiar de terapia. Espero volver pronto con ella, con mi nueva terapia de escritura y todo lo que ello conlleva. Muchos conocisteis a esta ladrona gracias al webcomic, y tal vez no lleguéis a leer ninguna de sus aventuras futuras. Otros, desconocerán el currículo que arrastra más allá de las páginas de un libro. Yo solo espero que siga generando las simpatías que despertaba en su día, y que siga haciéndome feliz.

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Infiltración: 1. Sombra nocturna

Una figura se recorta entre el cielo iluminado únicamente por una luna tímida, saltando entre la bruma, deslizándose por una fina cuerda. No cabe lugar a dudas, sus propósitos son oscuros como la misma noche y subrepticiamente se dirige hacia una presa. ¿Cuál será la víctima? ¿Cuál, de entre todas las casas que deja atrás en cada salto, cuyos tejados quedan lejos de sus pies en cuestión de momentos, será la elegida? Finalmente, nuestra misteriosa figura detiene su marcha nocturna sobre los tejados de la ciudad. Su objetivo es una pequeña mansión. Sus ojos se estrechan atisbando como si fuera a descubrir invisibles guardas apostados en la más profunda oscuridad. De un pequeño bolsillo de tantos ocultos que tiene, la figura extrae un polvo fino que deja caer, midiendo así la dirección del viento. De otro bolsillo más amplio extrae un abultado saquito que arroja hacia la mansión. Con rapidez y precisión lanza una pequeña daga que impacta en él y lo revienta, dejando caer un polvo similar al anterior, aunque de otro color. Al caer, a pesar de que en un principio no tuviera nada de especial, el polvo va cobrando vida, brillando y dejando entrever una señal luminosa alrededor de la casa: unos haces de luz mágicos que antes se hallaban ocultos a la vista. Los polvos acababan de revelar la presencia de un sello mágico de seguridad realmente intrincado que detendría a los novatos y persuadiría a los profesionales. ¿De qué pasta estaba hecho nuestro personaje? Si no era de los primeros debía de confiar demasiado en sus habilidades, ya que sin pensárselo dos veces echó a correr tejado abajo y, de un salto, se lanzó hacia la nada. Sigue leyendo